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Con un playlist en el bolsillo: Así lidié con la muerte de mi padreLo lees en menos de 9 min ;)

"Fue una sorpresa, repentino. En la mañana de aquel día me despedí de él como cualquier otro. Y ya pasadas unas horas había fallecido. Así de rápido pasó."
Abr 27, 2022

Con un playlist en el bolsillo: Así lidié con la muerte de mi padreLo lees en menos de 9 min ;)

Publicado originalmente en Play the Hits.

El extenso período durante el que no actualicé este blog se debió en gran parte al evento más traumático en mi vida: la muerte de mi papá. No fue un proceso cotidiano, al menos no en el sentido que la mayoría habla sobre ese tipo de tragedias. Fue una sorpresa, repentino. En la mañana de aquel día me despedí de él como cualquier otro. Y ya pasadas unas horas había fallecido. Así de rápido pasó.

También así de rápido sentí el peso de la responsabilidad que recae. Un sentimiento agobiante que se suma al nada fácil (otro) peso de aceptar lo que sucedió. Dicho lo anterior, el proceso siguiente se caracteriza por lo que los psicólogos llaman duelo, una etapa compleja y que toma distintas formas. En gran medida, buscamos refugio en lugares llenos de melancolía, a veces cargados de nostalgia. Uno de ellos, y quizás el más accesible es la música.

A título personal, los primeros meses fueron meses de encontrar bandas que tocaran el tema, ese tema, poder empatizar con las experiencias de otros, buscar esos momentos en que los gritos esconden las lágrimas y dejan salir la rabia, la desorientación y toda la tristeza acumulada. Sin embargo llegué a un punto en que sin intentar proyectar una imagen mesiánica, estos espacios y discos mutaron. Ya no son los compañeros para expulsar la rabia, sino que son una forma de inmunización bastante efectiva. Así la música me salvó la vida.

Touché Amoré

No puedo negar que los primeros dos o tres meses escuché cada día de forma ceremonial Stage Four (2016) de Touché Amoré. Las letras, la sinceridad, la velocidad, la agresividad, la rabia contenida, la sensación de comunidad que me entregaba cada una de las canciones eran en gran medida lo que me hacía soportar los días de pesadumbre, esos en que el cuerpo se siente espaciado.

Cada riff era parte de un ritual, gritar las letras al unísono era catártico, lograba liberar la energía caótica y autodestructiva que otras actividades no me permitían. Como nota aparte: Uno puede empatizar con la pérdida, independiente de cual sea. Ahora bien, el mero hecho de imaginar el dolor por el que pasa una persona es imposible. Obviamente que la compañía y atención son una parte ideal del proceso, pero hay líneas que solamente el tiempo unido a la terapia pueden hacer más llevadero.

Con el pasar de los meses dejé ese disco de lado, comencé a buscar música más agresiva, más rápida, más brutal casi bordeando el ruido. Volví a escuchar death metal con la esperanza de encontrar sonidos que aislaran las imágenes de morgues, cementerios, seleccionar ropa para un cadáver, gente llorando. Visualizar un evento traumático es común, detona emociones muchas veces incontrolables, la terapia y los fármacos sólo ayudan hasta cierto punto.

But losing you, I learned to lose my youth, lose my spirit

And now I can’t hear it anymore, anymore

And I guess that’s life. But losing you, I learned to lose my youth, lose my spirit

And now I can’t hear it anymore, anymore

And I guess that’s life. 

Pianos Become The Teeth — Good Time.

Esa búsqueda es un ejercicio infructífero. No importa cuánto compres, cuánto alcohol y fármacos consumas, ni tampoco cuánto intentes buscar libros sobre resucitar muertos o ver de nuevo Full Metal Alchemist Brotherhood con la expectativa de aprender junto a Ed y Al sobre la muerte.

Es un proceso que conlleva demasiado tiempo. El gran problema radica en que el mundo no se detiene. Debes volver al trabajo y sufres de recuerdos vívidos, tiemblan las manos al firmar documentos, el estómago se comienza a comprimir cada vez que te llega un olor o ves algo relacionado a esa persona. Para mí es el aroma de cigarros y Coca Cola Zero.

Sí, existe cierto confort en esas letras. Cada vez que pones Benediction de Touché Amoré y comienzas a cantar: You left a hole in this earth/And you paid for it up fron/I had to fill it with dirt/ While your friend sing this song. Duele y al mismo tiempo te entrega esa cercanía que otras personas intentan darte, pero no han pasado por lo mismo que tú.

No se trata de ingratitud o peor aún, desdén, pero empatizar no se acerca ni remotamente al dolor de escuchar a tu mamá hablando sobre cómo tu papá va a volver porque aún no le hace sentido que el amor de su vida realmente está muerto.

Los fantasmas

Te toca abrazar familiares, gente que te conoció y te tuvo en brazos, te toca conectar con gente de la era cuando no tenías idea que el mundo es un lugar que puede desaparecer en cualquier momento porque un par de hombres deciden medirse el pene utilizando armas nucleares.

Y no para, debes llamar a más gente y volver a revivir las surreales horas esperando que el cuerpo salga del hospital.

Luego de todo eso llega un punto en que el odio personal aflora casi de forma natural, sin razón aparte. Y como bien lo pone Touché Amoré: Have you ever wonder why I drive alone?/Same reasons why I never pick up the phone/ I have these issues that you can’t subscribe/But I’m scared to talk to anyone for what they might prescribe. 

Al menos en la mayoría de los casos hay un círculo de gente ahí para ti, pero los pensamientos abrumadores que se agolpan al fondo de la cabeza, cerca de la nunca; muy parecido a cuando te molestan con un dedo.

Me he centrado principalmente en dos discos debido a las circunstancias en que fueron escritos y en cómo transmiten aquellas emociones. Pero con todo eso dicho; el punto de este artículo es lograr ver la tragedia como una forma de vacuna contra el trauma (además de ventilar un poco y explorar mis sentimientos con respecto a la muerte). Nietzsche en El Nacimiento de la Tragedia explora la idea que los griegos utilizaban esa forma narrativa a través de los dioses como una forma de inmunizar o generar anticuerpos en los mortales frente a los horrores de la existencia. Dejaron que tanto héroes como dioses sufrieran en sus historias para amortiguar de cierta forma el dolo de vivir, de existir.

Si pongo lo anterior de forma contemporánea en música, un ejemplo ideal es el viaje ficticio del narrador en What Sarah Said de Death Cab For Cutie.

¿Ben Gibbard sufrió lo que cuenta el protagonista? No tenemos certeza, pero sí la capacidad de la banda y la letra para lograr imaginar un escenario fatalista que concluye con la pérdida. Obviamente hay más, es cosa de escuchar Hospice (2009) de The Antlers o la desgarradoramente visceral I Can’t Live Without My Mother Love de Sun Kil Moon. La tragedia, ya sea real o ficticia, es una parte fundamental de la supervivencia.

Y es aquí donde difiere el dolor que produce el duelo de las narrativas ficticias. Historias que lidian o que tratan con él o se involucran en ese tipo de tópicos. Cuando el motor es mera imaginación permite que nuestros cerebros no se involucren por completo, logran captar el mensaje, interiorizarlo y de momento, crear ciertos anticuerpos.

La empatía

Aristóteles habla sobre virtudes, en el sentido de actitudes que adoptamos frente a ciertos sentimientos y es ahí donde se ve reflejada la teoría. Mientras la narrativa sea ficticia y como espectadores podamos mantener la suspensión de la incredulidad

Existe un pequeño problema en la teoría, principalmente cuando se trata de música. Por ejemplo, una excepción bastante conocida es que la interpretación de Hurt por Johnny Cash contiene una carga emocional mucho más compleja que la original de Nine Inch Nails. ¿Pero si la interpretación es lo que rompe la inmunización, no puede hacerla más fuerte?

Volviendo atrás un poco, la música agresiva ayuda. Tiene el problema de generar, como dije, cierta carga negativa, pero si se une con los elementos precisos da por resultado a una de las mejores bandas de la actualidad, que no voy a nombrar porque con dos frases son reconocibles: I wrote a song about getting better/It’s a feeling I can’t remember.

Puedo entender a aquellos que no necesitan blast beats y riffs acelerados o gritos para canalizar esa idea de catarsis, pero hay ocasiones en que bandas dan con la justa medida de melodía y agresividad para canalizar la pérdida. Caso de lo anterior es Converge, el disco All We Love We Leave Behind (2012) es ese ejemplo, no tiene las armonías vocales indescifrables de Bannon, pero sí es emocional como ningún otro proyecto de la banda. Golpea justo en el estómago, tanto los instrumentales y las letras a ratos se vuelven demasiado para escuchar de corrido.

No one will ever guide me
As I sail through the air
Now i just bring sadness
To those who choose to care

Converge — Aimless Arrow.

Al menos lo que me ha dicho mi psiquiatra, en conjunto con un variado esquema de fármacos es trabajar en aquel sentimiento de culpa que yace de forma visceral y generar (o mantener) vínculos de apoyo yal menos los discos que he mencionado de momento no hacen eso de forma tradicional como lo hacían las bandas del youth crew noventero, sin embargo, logran generar esa sensación de comunidad empática a través de vivencias similares. Te entregan un espacio donde cohabitan persona con experiencias cercanas o iguales a la tuya.

El último caso de inmunización es esa que ni siquiera se preocupa por evitar la enfermedad, bombardea el sistema y lo configura al punto de erradicarla. Se trata de acción directa, con esto me refiero a letras sin eufemismos o temáticas que manejan de forma menguante los tópicos, van directo a la enfermedad sin darle opciones. ¿Están basadas en ficción? Probablemente sea una mezcla, aunque un mejor adjetivo es no-ficción, tal es el caso de Idles.

No es necesario indagar mucho en el catálogo de la banda, entrevistas o shows en vivo para conseguir ejemplos de aquello.

Mi favorito viene de Samaritans:

I’m a real boy, boy, and I cry
I love myself and I want to try
This is why you never see
your father cry
This is why you never see
your father cry
This is why you never see
you father.

Redactor en Plan9.