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Shigurui (2009) de Yamaguchi y Nanjō: El problema de las tradiciones

Revisamos Shigurui de Yamaguchi y Nanjō.

Una de las primeras reglas que aprendes para comenzar a escribir crítica -en general- es nunca comenzar un artículo con una pregunta. Es contraproducente, cierra las posibilidades del tema y crea una expectativa para el lector. Sin embargo, con Shigurui es necesario partir desde ahí. ¿Es posible disfrutar un material tan arraigado en tradiciones cruentas?

Pecar de reduccionista conlleva a restringir al lector, pero existen los casos (como el de Shigurui) en que aquellas limitaciones entregan el contexto necesario para diseccionar la obra. Y aquí es necesario agregar el disclaimer correspondiente, ya que Shigurui está plagada de violencia, tanto física como sexual.

Rivalidad

Basado en el primer capítulo de la novela Suruga-jō Gozen Jiai de Norio Nanjō, Shigurui, también conocido como Death Frenzy presenta la historia de Gennosuke Fujiki y Seigen Irako, dos samuráis que vivieron durante el periodo Edo, en el régimen de Tokugawa Tadanaga quien siendo el daimyo de Shizouka organiza un torneo donde los participantes deben usar espadas de acero en vez de bokken (espadas de madera utilizadas para entrenamientos).

La historia de Shigurui no es para nada especial, hay más piezas que utilizan esas ideas y logran mejores resultados, Vagabond y Rurouni Kenshin por nombrar algunas más populares. Sin embargo, destaca con respecto a las anteriores debido a la precisión del trabajo historiográfico y la crueldad de su aproximación al periodo donde los samuráis eran una parte cotidiana e importante de la sociedad japonesa.

Es posible resumir la historia del manga en un sencillo duelo a muerte entre un samurái ciego y lisiado contra otro que perdió un brazo en un duelo. Suena ridículo hasta que Takayuki Yamaguchi, el mangaka a cargo de la adaptación, comienza a contar la relación entre ambos que los llevó a engendrar un odio purulento.

Lo mejor para enfrentar Shigurui es no saber mucho de su historia debido a que la compleja narrativa cargada de retrospectivas acentúa el mensaje que transmite. Aquellos que conocen la obra la reconocen más por la cantidad de sangre, mutilaciones y violencia que a ratos parece gratuita; a un manga que solo muestra personajes binarios que no conocen algo similar al bien.

Sin embargo esa somera aproximación a la obra le quita propósito a las muertes y a sus propios personajes. Si Yamaguchi y Nanjō querían amplificar las características que hacen conocido al periodo de los samuráis para el resto del mundo, incluso para los propios japoneses, lo lograron.

Shigurui es una obra difícil de consumir y digerir (independiente de medio) gracias a los extremos que alcanza. No basa toda su trama en personajes que usan espadas y pasaron gran parte de su vida entrenando para usarlas, se va más allá de los extremos donde la violencia se convierte en algo alejado de lo caricaturesco, es grosero y cruento, no hay espacio para otras emociones.

Lo último se debe a que la aproximación que hacen del periodo ambos encargados de la obra es acentuar los valores de la sociedad japonesa durante aquellos años, es un ejercicio histórico de no glorificar la tradición.

Sin medias tintas

A ratos, Shigurui se convierte en un ejercicio de apreciación tan indigesto que es difícil de leer sus 84 capítulos o ver los 12 capítulos que componen al adaptación de anime hecha por Madhouse en 2007. Es una obra tradicionalista que busca romper con esos esquemas de glorificación por el pasado, más allá de ser crítico a través de sus personajes, el dúo de Nanjō y Yamaguchi lo hace con los elementos que utilizan.

Hay un énfasis en las unidades de medida, los nombres, locaciones, tradiciones y atmósfera dentro de su obra, los llevaron a un punto que la crueldad de las dinámicas entre personajes hace que uno quiera quitar los ojos de la pantalla o de lleno dejar de leer, al menos esa es la primera impresión.

El manga de Shigurui tiene un final abrupto que no termina con las líneas narrativas que había dejado abiertas, es difícil entregarle un sentido como tal. Realmente parece una dramatización extrema de documentos históricos sobre el periodo Edo, ya que la misma historia utiliza de manera precisa elementos que solo se encuentran en libros sobre el tema.

Ejemplo de lo anterior son todos los detalles idiosincráticos que componen el cuerpo de la obra, el uso de medidas anticuadas, expresiones idiomáticas del periodo y la cronología que siguen. Se aleja de los mundos de Samurai Champloo, Blade of the Immortal, Gintama, ya que ni siquiera intenta provocar una sensación empática con sus personajes (entendiendo al samurai en su otredad y en un acercamiento más naif).

El problema de las tradiciones, tanto para las sociedades que las engendran como para extranjeros es su posterior romantización. Ya que cuando aparecen obras que buscan romper con los canones establecidos de aquella idiosincrasia, son muchas veces olvidados.

En la actualidad, la tradición de samuráis está extinta, lo más cercano a estos son los rikishis que participan en bashos para demostrar sus habilidades y personalidad. El mundo del Sumo es quizás el único vestigio que tenemos para recordar que más allá del honor, las tradiciones están compuestas por restricciones, jerarquías, desilusión y un montón de problemas.

Para tener la experiencia completa de Shigurui es necesario leer el manga, ya que la adaptación hecha por Madhouse aunque contiene un diseño sonoro y visual que logra retratar de forma excepcional las ideas detrás del manga, solo adapta los primeros 32 capítulos.

Es difícil de recomendar, ya que a diferencia de Vagabond, no hay alguna cualidad que lo redima entre tanta brutalidad. Es una pieza que busca la histórica a través de la exacerbación de las cualidades del periodo Edo y destruir, o al menos, incomodar a una sociedad que basa su acervo cultural en el honor y las jerarquías.