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The Voidz: Más allá de The StrokesLo lees en menos de 9 min ;)

Y Julian Casablancas más allá de Julian Casablancas. También.
Abr 3, 2021

The Voidz: Más allá de The StrokesLo lees en menos de 9 min ;)

Para efectos prácticos me voy a referir a ellos como The Voidz, no existe diferencia entre ellos y Julian Casablancas + The Voidz, solo un poco de ego de por medio que en realidad, fue una astuta estrategia de marketing.

¿Cómo haces una banda después de otra banda o paralela a tu proyecto principal? En el caso de Dave Grohl, fue el suicido de un amigo y compañero, para Josh Homme es un ánimo incomparable que lo mueve a seguir sacando proyecto tras proyecto, mientras que para Julian Casablancas es desligarse de ya dos décadas junto con una de las bandas de rock más exitosas de este siglo, The Strokes.

Tengo clarísima la razón por la cual a la mayoría de la gente no le gusta el tercer disco de los Strokes (mi favorito). First Impressions of Earth (2005), teniendo en consideración el trabajo actual de Casablancas, es fácil deducir por qué es el menos querido dentro de la discografía de la banda.

Es abrasivo, con guitarras mucho más distorsionadas que los antecesores, las letras son mucho más dispersas, y aunque contenga la justa medida de melodía que los hizo conocidos en Is This It (2001)y Room on Fire (2003), suena mucho más alienante.

https://youtu.be/OkgAq1cRgOY

The Voidz extiende dentro de esa mitología extraña de Casablancas, teniendo en cuenta que es el motor creativo detrás de la banda. Algún resabio de aquella excéntrica cosmovisión está presente en Future Present Past (2016) de The Strokes, dudo que la banda le haya entregado total control al vocalista para escribir canciones como Drag Queen, que se encuentra en la misma línea de todo el First Impressions of Earth.

El proyecto surgió como Julian Casablancas + The Voidz, al menos bajo ese nombre vinieron a Chile en marco de Lollapalooza 2014. Estaba emocionado por escucharlo en vivo, ya que también hacía un par de covers de Strokes, dejando en claro que la inclusión de su nombre en el de la banda era una razón de marketing para atraer más público a sus presentaciones.

La decepción que me llevé arruinó gran parte de ese domingo. Recuerdo haberme sentado relativamente cerca del escenario con unos amigos, estábamos cansados del día anterior y si el show era entretenido, teníamos intención de avanzar cerca de las barreras. Por el contrario, luego de canción y media, cubriéndonos las orejas arrancamos de ahí. Era imposible entender las letras que Casablancas intentaba cantar, al menos hacía la mímica, mientras que la banda sonaba tan saturada que era doloroso incluso a la distancia.

Segunda oportunidad

Mi primera impresión con The Voidz fue, por decir lo menos, horripilante. Cierto trauma había surgido de ese show que los evité como la plaga. Si, los evité.

Al momento de aparecer en alguna playlist, los saltaba. Si salían recomendados en algún video, ese era al que le ponía no mostrar de nuevo. Con el paso del tiempo, aquel mal recuerdo devino en cierto afecto por el trabajo de Casablancas, mal que mal, mi disco favorito de The Strokes es un gozo de escuchar. Si no recuerdo mal, la canción con mayor cantidad de reproducciones la última vez que revisé mi Lastfm o iTunes era Ize of the World.

Le di otra oportunidad a The Voidz, con cierto recelo, pero lo hice en la medida que podía durante ese tiempo. El resultado es esto, un intento por explicar el excéntrico mundo de una de las bandas más interesantes de la actualidad. Si bien, el último disco que han publicado ya tiene ya tiene dos años y no hemos tenido un anuncio de nuevo material, siguen juntos.

El primer disco de la banda, Tyranny (2014) es todo lo que se puede esperar de Casablancas sin restricciones, incluso va más allá de los límites que tenía en The Strokes. Quizás el mejor adjetivo que se le puede acuñar tanto al disco como al proyecto es ominoso, hay cierta atmósfera creada en base a una saturación considerable, sintetizadores oscuros y una preponderancia a depender de un juego a dos guitarras que los hace un tanto desconcertantes a primera instancia.

Son un producto extraño, aunque puedan rastrear sus orígenes al proyecto solista de Casablancas y en cuanto a The Strokes, difieren tanto en entrega como estética

No hay que escuchar mucho de la banda para entender a lo que me refiero, el single Human Sadness es casi una epopeya que carece de forma humana, es mera desolación. Con 11 minutos de duración, el fin del mundo suena más cercano a la plena erradicación de toda forma de vida en la tierra que un evento que entrega respuestas, como lo sería el apocalipsis.

Y como toda épica, es un viaje a ratos agotador, pero que al final y con mucho esfuerzo entrega un producto tan satisfactorio de escuchar que el genio de Casablancas brilla como no lo había hecho antes.

Uno de los problemas de los proyectos del neoyorquino siempre ha sido que sus referencias sonoras son demasiado tangibles. Es difícil encontrar alguna canción en la que figure su nombre donde sea posible escuchar un producto original, o al menos, influenciado en menor medida por sus gustos. Tal es el caso de Where No Eagles Fly, esa mezcla de glitch tan propia de Crystal Castles sumada al punk de Misfits con un poco de rock n’ roll setentero suena bien, pero Julian, esfuérzate un poco más. Y eso último lo digo con mucho cariño, ya que físicamente no puedo disfrutar más de sus canciones.

Avasallador queda corto para describir el sonido de The Voidz, los cambios de ritmo dentro de las mismas canciones son tan variopintos que más de alguna vez quedé preguntándome qué estaba escuchando y si no había presionado el botón de cambiar de canción. Johan Von BronxBusiness Dog Dare I Care entran dentro de esa categoría, en realidad, lo dos discos de la banda exudan esa habilidad para crear cambios melódicos a través del uso de sintetizadores a los que las guitarras se acoplan para extender la disonancia cognitiva que crean.

La palabra que sí no se queda corta para explicarlos es refrescante, aunque a ratos pareciera que todas sus canciones suenan iguales, el espectro tan amplio de experimentación a veces los lleva a sonar como si Trent Reznor hubiese hecho un disco junto a Manu Dibango y Edip Akbayram.

Virtue

Hay momentos en Virtue (2018) que perfectamente podrían corresponder a un disco de The Strokes sin problema alguno, quitándole la etiqueta de nombres, Leave It In My Dreams calza con aquella descripción. Es mucho más ingenua que los temas del primer disco, contiene esa justa medida de sonido ochentero por el que se ha inclinado la banda que hizo conocido a Casablancas.

No obstante, cuando quieren empujar los límites melódicos lo hacen con todo, agarran el vocoder y le suben la distorsión hasta que es casi irrisorio el resultado, tal es el caso de QYURRYUS, un canción que combina de forma bastante simpática rock psicodélico, rock árabe y un poco de disco de los 80s, además de tener un video que podría haber sido un clip de Mortal Kombat (1995).

Uno de los mejores experimentos que han hecho de The Voidz como banda es Pyramid of Bones, donde el tomar tantas referencias da por resultado una de las canciones más complejas de digerir e interesantes de todo el disco. Una mezcla de rock ochentero con breakdowns de deathcore y ese melodrama que se le asocia a la música étnica de países árabe suena como una estupidez, hasta que escuchas el resultado final. Me encantaría poder ver la cantidad de pedales que usan los guitarristas de la banda en el estudio.

Con un total de 15 canciones, Virtue no es un mundo sencillo de entrar. Eso sí, funciona mejor como introducción que Tyranny. Los momentos en que la banda bifucar un rato su búsqueda por composiciones extrañas da por resultado canciones como Permanent High SchoolAll Wordz Are Made Up y Think Before You Drink, que son mucho más fáciles de consumir que AlieNNatioN y My Friend the Walls donde el gusto de Casablancas por usar vocoder se vuelve casi ridículo, pero nunca obsceno.

Dejando de lado mi trauma inicial, que en realidad se convirtió solo en una pésima mala impresión, mi relación con The Voidz es interesante. Si tengo ganas de escuchar algo más pesado, pongo Black Hole, si tengo ganas de un poco de punk pero en realidad no es punk, pongo We’re Where We Were. En el caso que quiera escuchar algo para subirme el ánimo, busco Human Sadness y así evito el acto de autodesprecio que es escuchar a Sufjan Stevens con esa función.

Es un mundo vasto, rico y con un espectro de sonidos casi hilarante, literal que hay para todos los gustos y lo más importante, lo hacen bien.

Puede ser una combinación de mi oído buscando música un poco más excéntrica o que salga de los estándares a los que estaba acostumbrado sumado a cierto aburrimiento luego de meses encerrado, pero The Voidz está llenando esa necesidad.

Eso sí, si pudiera cambiarle el nombre a la banda, les pondría: Julian Casablancas and the AUTOTUNE TOO FUCKING LOUD.

Redactor en Plan9.