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Plan9 Recomienda: 9 Discos para escuchar volao como sapo, Vol. 1Lo lees en menos de 13 min ;)

Hermanito que le pusiste.
Abr 1, 2021

Plan9 Recomienda: 9 Discos para escuchar volao como sapo, Vol. 1Lo lees en menos de 13 min ;)

Podríamos inventar perfectamente una excusa para decir que es una buena idea escuchar música volaos, no es que sea necesaria, es conocimiento general. Sin embargo, en este caso, incluso la ciencia dice que ambas experiencias se complementan. De acuerdo a Michael Traut, profesor de Neurología y música de la Universidad de Toronto, nuestro cuerpo procesa la música desde nuestra columna hasta el cortex cerebral,  activando todo el sistema nervioso central.

Otro de los puntos relevantes es la forma en la que nuestro cuerpo reacciona al fumar marihuana. Uno de los receptores más prominentes que podemos encontrar son los asociados a cannabinoides, conocidos como CB1. Ambas actividades afectan los sistemas de recompensas y placeres del cerebro. Con respecto a lo anterior, Zachary Walsh, psicólogo de la Universidad de Columbia le comentó a CBC que el uso de cannabis inhibe la actividad del hipocampo, interfiriendo la formación de recuerdos a corto plazo, algo así como “vivir el momento presente” solo que sin esa basura del mindfullness.

Esto influye en el grado de concentración que le prestamos a la música, debido a la dificultad para “buscar recuerdos” evitando entregarle respuestas dispersas en nuestra memoria a la progresión de sonidos.

Y como lo dice la ciencia, decidimos armar una lista de discos dentro de un amplio espectro de géneros para probar esa teoría. Hay un par de nombres que son esperables, esos que te recomiendan cuando ni siquiera sabes ponerle un filtro al papelillo ni se te había ocurrido sacar la tapa de la cajetilla de cigarros para armar uno. Mientras que también incluir unos nombres más simpáticos y ver cómo se comportan esos hipocampos.

Dicho esto, esta sección es hermana de Canales de YouTube que es básicamente lo mismo. Pero con canales de YouTube.

1- Captain Beefheart – Trout Mask Replica (1969)

El clásico, el inigualable, el que induce ataques de pánicos cuando recién te comienza a pegar el pito y te comienzas a cuestionar las decisiones que te llevaron a elegir un disco que tiene de portada un pescado con sombrero que salió al mercado cuando tus papás aún no existían. Trout Mask Replica es el disco favorito de David Lynch y eso debería ser suficiente para tener al menos un remota idea de lo que es posible esperar al escuchar. Aunque, eso no es suficiente.

Hay dos tipos de personas en el mundo, las que le pueden encontrar algún gusto a Trout Mask Replica y las que solo escuchan una cacofonía que carece de sentido alguno. Dudo que esa dinámica cambie incluir marihuana en la mezcla, solo va a maximizar cada postura. Y para haber escrito un disco tan disruptivo como ese era necesario uno que otro pitito.

2- M83 – Junk (2016):

Quizás no es la primera elección para alguien que esté habituado con el sonido de la banda francesa, sin embargo, el séptimo disco de M83 funciona para cuándo no sabes qué poner de fondo y ya te estás transportando en el tiempo. Sus sintetizadores con claros dejos del synthwave ochentero se abren de forma explosiva y emergen parajes espaciosos. Aunque hay un margen de referencias claras, que en gran medida son evocativas de una época determinada, logran generan la expectativa suficiente para que la experiencia sea novedosa y contundente.

Si la música no avanza, aburre. Es ahí donde Junk encuentra su característica más atractiva, está en un constante estado de movimiento. Donde otros discos dentro del rock psicodélico tienden a pecar de estáticos, el pop ochentero evita la monotonía y permite la compañía cuando uno llega a la cocina sin saber cómo se paró de la cama.

3- Tame Impala – The Slow Rush (2020):

Hablando de música psicodélica, el grupo por defecto asociado al género durante la última década es sin lugar a dudas Tame Impala. Debido a ello, decidimos no elegir Lonerism (2012), a esta altura se siente incluso un poco restrictivo y monótono. Mientras que el último disco de Kevin Parker lo muestra en una faceta más libre, no estaba limitado a hacer un disco que sonora igual a los anteriores, decidió incluir más sintetizadores amplios, bajos contundentes y líneas de Moogs.

Si se trata de movimiento, la mayoría de los discos de Tame Impala pecan de ser estáticos, con excepción de The Slow Rush, por más extraño que eso suene. Es cosa de escuchar Borderline, donde la inclusión de una línea de vientos adorna la composición y la mueve, sin quedarse pegada en un solo de guitarra de 30 segundos para luego dar con la segunda parte de la canción, cosa que ya le había sucedido a Parker en sus trabajos anteriores.

4- Brian Eno – Taking Tiger Mountain (1974):

El segundo disco solista de Eno es un claro producto de su época, en conjunto a un compositor poco ortodoxo. Si Trout Mask Replica se encargaba de las atonalidades y los ataques de pánico, Talking Tiger Mountain invoca una paranoia que surge de asociaciones libres sobre productos culturales asiáticos y, en ese tiempo, lo inminente del espionaje y sus consecuencias.

¿Qué se puede esperar de un músico que se sentía tan cómodo haciendo canciones pop que decidió comenzar por sí mismo el género de ambient? El ser capaz de experimentar con distintos timbres y efectos dentro de sus composiciones sin perder ese gusto pop entrañable que es fácil de digerir. No obstante, la cualidad que más luce en Talking Tiger Mountain es la capacidad de Eno para nunca encontrarse encerrado en sí mismo.

El disco fluye en conjunto a la carencia de repeticiones, haciéndolo una experiencia difícil de repetir.

5- Glass Animals – Zaba (2014):

El debut de Glass Animals sí es posible asociarlo dentro del género psicodélico, aunque calza más como placa indie un tanto experimental. Está decorado de una forma tal que su capacidad de generar atmósferas diversas es algo disruptiva, ya que la instrumentalización del disco bordea el minimalismo. Un par de beats dispersos, rellenos de xilófonos  y sonidos que se alejan de lo convencional.

El vocalista de la banda, David Bayley ha dicho que el disco busca generar emociones más allá de las letras de cada canción. Y esas emociones, al menos estando volao son físicas, similares a las que provoca la música de Jamie xx y Flying Lotus.

Es posible sentirlas en los pelos de los brazos y al estirar las piernas, uno se adentra dentro de Zaba como si se tratase de una selva con su propio soundtrack. El único gran problema del disco es que no cuenta con un single del cual agarrarse, no tiene una The Other Side of Paradise quitándole esa capacidad para darle más de una vuelta.

6- Queens of the Stone Age – Rated R (2000):

¿Qué más se puede esperar de una producción de la banda que le entregó una nueva cara al stoner rock? Por si fuera poco, Feel Good Hit of Summer, la canción encargada de abrir el disco tiene por letra:

Nicotine, valium, vicadin, marijuana, ecstasy and alcohol
Cocaine.

Hay dos cosas que son innegables de Rated R. En primer lugar, se trata sobre drogas. En segundo, el tono de guitarra que plaga el disco es uno tan reconocible que ya se encuentra al mismo nivel de Van Halen, Page, Hendrix y Clapton. No hay que tener un oído bueno o entrenado para reconocer a Josh Homme tocando guitarra. Y aunque a ratos puede sonar un tanto repetitivo, como todos sus discos (no es mi favorito), sí es contundente.

Explota a cabalidad la habilidad de la banda para sonar como metrónomo sin perder el atractivo al repetir una y otra vez el mismo riff durante cada canción, saca lo mejor de Nick Oliveri y Mark Lanegan sin opacarse entre ellos mismos.

Las fórmulas repetitivas de acordes en conjunto a una sección rítmica que brilla gracias a su habilidad para crear progresiones sincopadas hacen de Rated R un disco que trasciende el tiempo, lo congela dejándote disfrutar cada riff y tiene la suficiente potencia para quitarte un poco del bajón para mantener el cuerpo de verano.

7- Animal Collective – Merriweather Post Pavilion (2009):

La cumbre de la música indie que nunca más podrá ser alcanzada le pertenece a la banda que te recomiendan esos amigos fascinados con 4chan y los pitos de mala calidad. Si bien es el disco más accesible dentro del catálogo del cuarteto, la facilidad para entrar al mundo de Animal Collective se ve mermada por la cantidad de capas y capas que contiene cada una de las canciones.

El mejor resumen que se puede hacer de Merriweather Post Pavilion es que suena como la música de fondo de los Rugrats pero con voces. Una descripción bastante certera para lo juguetonas que pueden ser las composiciones de la banda. Es un disco difícil de digerir ya que se aleja del estándar, a ratos puede contener estrofas y coros, pero eso es todo lo que ofrecen, el resto queda a la discreción de cuán fuerte estaban los cogollos.

Sin embargo, entrega dos momentos en los que es posible mantener el piso para encontrarles un poco de gusto, My Girls y Bluish se acercan a algo cotidiano que se parece más a un sueño que realidad.

8- King Gizzard and the Lizard Wizard – Nonagon Infinity (2016):

Si naces en un país que parece estar constantemente en verano, donde puedes ir a surfear cuando se te plazca y la mayoría de la gente luce como que fuma yerba, no se puede esperar que las bandas australianas estén produciendo lo mejor del rock psicodélico durante los últimos años. Al menos cuando se trata de King Gizzard, uno sabes exactamente lo que puede esperar del amplio catálogo compuesto por la ridícula cifra de 17 discos hasta el momento.

La gracias de Nonagon Infinity es que pareciera ser un bucle infinito al momento de escucharlo, cada canción posee una transición hacía la siguiente, facilitando la posibilidad de escuchar por completo el disco una y otra vez. Es un episodio psicótico que no acaba hasta que uno ya no puede dar más de los tempos acelerados y la monotonía de las voces.

Hay elementos de rock psicodélico, unidos a un poco de prog que junto a la estética lo-fi de la grabación están bastante cercanos a provocar un viaje en el tiempo para volver a 1970.

9- 100 Gecs – 1000 Gecs (2019):

Nadie esperaba que 100 Gecs tomara tanto vuelo como lo han hecho de momento. A finales de 2019, gran parte de la prensa especializada estaba hablando sobre cómo la banda ha sido un golpe en la cara directo del establishment pop, la facilidad con la que Dylan Brady y Laura Les mezclan crunkcore, 2step, eurobeat y un montón de recursos sonoros que a primera instancia suenan alienantes, solo sirve para expandir los rincones de la consciencia y preguntar hermanito qué pusiste ahora.

Y cuando digo que la crítica los ama, incluso con un sonido tan abrasivo y con una difícil entrada, es cosa de ver las publicaciones de ese año. Aparecieron en Pitchfork, Noisey, Paper, Rolling Stone, Stereogum, Crack Magazine y hasta en el podcast sobre música del NYT, literal estaban en todas partes. Lo siguen estando, ese influjo de público nuevo que llegó al hyperpop gracias a 100 Gecs sigue ahí, en realidad, seguimos ahí porque acá también los adoramos.

100 Gecs es lo que esperas escuchar en un segmento sobre Splatoon en Adult Swim a las 4 am y luego intentas buscarlo por todo el internet sin resultado. Terminas pensando que te lo imaginaste pero unos años después los encuentras. Sinceramente, suenan mejor para comer unos hongos que un pito, pero a veces no se puede.

Redactor en Plan9.