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Great Pretender: Animé para gente que no ve animéLo lees en menos de 10 min ;)

Cuantos estafadores se necesitan para un buen animé?
Feb 24, 2021

Great Pretender: Animé para gente que no ve animéLo lees en menos de 10 min ;)

Great Pretender es, siendo honesto, nada del otro mundo. Un animé encasillado en un género específico, con tropos específicos y pareciera estar diseñado milimétricamente para contentar a quienes “no ven animé” e incluso, podríamos decir que dentro de cada uno de sus pequeños arcos, nada muy imprevisible sucede. Y sin embargo: joyita.

Desarrollado por Wit, estudio que en menos de una década ha logrado posicionarse como nombre fuerte dentro de la industria tras su primer paso por Shingeki no Kyojin; Great Pretender es un animé original (sin base de manga alguno que sirva como referencia, aunque claramente ya lo adaptaron post estreno), coproducido por Netflix y de 23 episodios divididos en dos tandas que a modo de resumen (y acá utilizo la sinopsis oficial):

Aborda a Makoto Edamura, supuestamente el mejor estafador de Japón. Makoto —junto a su compañero Kudo— intenta engañar a un ciudadano francés en Asakusa, pero ellos son los que terminan siendo engañados.

Esto se debe a que el francés resulta ser Laurent Thierry. Un experto estafador, conocido por su poder de persuasión y su rápida toma de decisiones. Laurent es lo que se conoce en el bajo mundo como un «hombre de confianza», alguien que controla las mafias. Es así como el destino de Edamura termina siendo incierto, ya que termina involucrado en los trabajos sucios del francés.

Así que tal como lo leen, Great Pretender es un animé de estafas. Un animé heist. Y no es como que haya inventado la rueda, es decir, Lupin III debe ser claramente la influencia más obvia y directa en lo dirigido por Hiro Kaburaki, pero hay algo atractivo en esta serie que guarda estricta relación tanto en su calidad técnica, como en su aproximación a su propia historia que me deja con ganas de más, pero como siempre, vamos por parte.

El sueño americano, otra vez

Para nadie es un secreto que USA y Occidente en general tuvo un largo camino que recorrer para masificar como producto cultural a los monos chinos. Probablemente mi (nuestra) generación sea la primera en normalizar su consumo como otra de las tantas verticales que la industria del entretenimiento posee y no una excepción de la norma.

Hablo de aquella época en donde la oferta analógica forzaba a anquilosarse en la producción Norteamérica predominante que indefectiblemente nos arrastraba a asimilar los códigos narrativos y culturales de los yankis. Una era en donde si bien existió una oferta, el consumo general era más bien pasivo. Para resumir, si querías ver cosas japo, tenías que rebuscar mucho. Ojo con ser tildado de fleto o satanista. Algo común.

Pero a finales de los 90 todo cambió. Explosiones culturales/económicas como Pokémon, Matrix y otros productos abrieron la puerta. Suma a eso la masificación de internet y esa ventana nunca más se cerró. Así que quienes fuimos pendejos en aquellos años vimos como una cantidad ingente de productos se desplegaban ante nuestros ojos.

Si somos los adultos que hoy compartimos los memes de Sailor Moon sipo apruebo, es por esto. Somos la generación que transformó el animé en la industria transversal que es hoy. Una industria que está empezando a pensar más en el mercado foráneo que en el propio, y acá es donde entra Netflix.

Netflix lleva sus buenos años preparándose para la masificación del streaming y por tanto, de la pérdida de una buena parte de su catálogo, por lo que explorado un montón de otros mercados no cubiertos como el coreano o el indio, y han ido gastando lucas como enfermos para volverse una opción que no deba depender de los otros grandes estudios y productoras. Y una de esas apuestas, obviamente, es el animé.

Pero ¿y qué pasa si vivo en Baltimore, soy un joven suburbano que el único concepto que tengo de animación japonesa es Dragon Ball? ¿Qué pasa con toda es gente que sigue teniendo solo a Saint Seiya como referente? ¿Gente que nunca ha visto una animé?

Netflix tiene como misión, crear obras que funcionen en su catálogo a un nivel global y precisamente Great Pretender hace esto muy bien, porque, de hecho, es su finalidad última.

Lo mismo, pero diferente

El director Hiro Kaburaki y el escritor Ryota Kosawa hablaron con ANN sobre su trabajo en la serie y qué pensaban sobre la realización de un anime “internacional”.

Sobre la creación de personajes no-japoneses, el mismo Kaburagi comenta: “Esta vez fui consciente de dar roles equilibrados tanto a los personajes masculinos como femeninos, así como a otorgar roles diversos a personajes de diferentes razas. Me encargué de asegurarme de que incluso los villanos no se definieran por su nacionalidad o raza, e intenté en la medida de lo posible que los personajes fueran difíciles de odiar. Al final, para bien o para mal, lo importante es si los personajes se destacan o no. Esta vez, fui particularmente consciente de crear algo que los espectadores de todo el mundo puedan disfrutar (risas)“.

Porque esa es una de las principales fortalezas de Great Pretender (y quizás; una debilidad para los puristas del animé). No se siente como un animé tradicional. Existen personajes de diversas etnias, con diferentes códigos culturales, con diferentes cuerpos, con diferentes percepciones del mundo. Elementos que me parecieron la mar de interesantes. Es definitivamente un anhelo de desligarse de ciertos lugares comunes de la animación japonesa. Salir del chibi, del personaje perturbadoramente menor de edad sexy, del poder de la amistad como argumento para derrotar a un villano capaz de destruir una galaxia con un chasquido de dedos.

La apuesta de Wit acá es más que querer ser diferente, es emparentar el tono con cualquier obra live action más que con homólogos de su propio formato, el mismo director plantea que una de sus principales inspiraciones fue Dirty Rotten Scoundrels y es innegable que la búsqueda está en contentar a un amplio espectro de público, subvirtiendo un poco las expectativas de lo que podrían encontrar en un animé convencional. Chao con el estereotipo kawaii, hola personajes con un mínimo de profundidad dramática.

Desde el uso de Queen y Freddy Mercury como ending (que, dicho sea de paso, calza perfecto) y el opening de Yutaka Yamada más emparentado con el estilo de Yoko Kanno y la estética de Saul Bass que el clásico Jrock de turno, hasta el trabajo de doblaje e idiomas (en los que Netflix se rajó con el presupuesto para hacer las voces en francés, inglés y chino fuera de Japón) o el trabajo artístico en capturar diferentes etnias, culturas, lugares y vibes (me puse de los  gen z), Great Pretender aspira a verse, venderse y sentirse diferente.

Qué decir de su arte, que es bien precioso. El diseño de personajes a cargo de Yoshiyuki Sadamoto -a quien conocerán quizás por haber diseñado esa cosita indie llamada Evangelion- está muy bien pensado. Comulgan a la perfección con los fondos de retazos simples diseñados por Kaburaki, basados según él en el arte de Brian Cook y en general, la conjunción artística demuestra desde el inicio una intención de llevar este animé a un nivel un poquito más diferente que otros productos.

Great Pretender quiere ser una puerta de entrada a drogas más duras dentro de los monos chinos, y eso es algo que de por sí, ya vale la pena.

Pa lo amigos abrazo, pa los giles, estafa

Ahora bien, que gran parte de sus valores de producción no quieran ir por el camino obvio de la industria del animé, no quiere decir que no sea un animé hecho y derecho. Tenemos malos muy malos, malos que parecen buenos y buenos que parecen malos. Tenemos fanservice y por supuesto, acción y estafas. Estafas sobre estafas. Todo en una fórmula que es casi hasta matemática.

La estructura de los casos suele ser la misma y aunque sabemos que habrá una vuelta de tuerca, sobre la última vuelta de tuerca, es en la forma de abordar cada caso que se hace interesante.

Verán, en las producciones más tradicionales es lógico que los secundarios exploren subtramas y motivaciones en uno o dos capítulos, sin embargo, en GP cada caso/estafa, es un arco y cada arco, es la excusa para revisar profundamente a los personajes que conforman el núcleo central de la banda de estafadores ¿eso funciona para todos? No necesariamente.

Hay varios aspectos que quedan desdibujados al elegir esta narrativa, pero sin duda ayuda mucho a compenetrarse en el mundo que presenta Kaburaki que además, no está exento de un hilo conductor. Hay una relación discípulo/mentor entre Edamura y Laurent muy latente a lo largo de los episodios que forman un motor bastante eficiente en la historia, incluso cuando, como he dicho, sea predecible.

Finalmente, no terminas viendo GP por la intriga de cómo se cagan a la gente en cada arco en particular, sino para descubrir qué es lo que tiene para concluir de si mismo cada personaje y esa es una jugada muy inteligente para una obra que basa su principal atractivo -en un inicio- en el giro de guion como herramienta narrativa primaria.  

Primero me sorprendes, y luego, como no me puedes sorprender con la estafa, te sorprendo con las historias de cada uno. Gente rota, farsante no solo en su profesión, sino que en su vida cotidiana y sus afectos. Y aunque mucho está hecho con brocha gorda, sigue siendo una expresión bastante diferente a lo que el animé mainstream nos tiene acostumbrados.

No todo lo que brilla es oro

Inverosímil. Esa es la primera palabra que aparece entre todas las falencias que suelen achacársele a Great Pretender. Que sus heist/robos son en extremo conveniente para el plot, que son predecibles en muchos grados y que ciertas decisiones narrativas están tomadas para una segunda temporada, es cierto. Todo eso es cierto.

Great Pretender no busca reinventar la rueda claro está. Toma todos los elementos que han sido explorados en otros soportes y los somatiza en clave animé.

Todas las influencias están ahí, pero por cada tropo evidente, hay un plano precioso de Londres. Por cada conveniencia de guion, hay un tema del score que ayuda a compenetrarse más. Sin duda, una obra que aspira no a la excelencia -pues su propia camisa de fuerza es su formato y su temática- pero si busca ser un producto muy por sobre la media.

¿Podría haber terminado mejor? ¿Con un cierre mucho más autoconclusivo sin cimentar camino para una tercera temporada? Sin lugar a duda, pero entonces no habrías disfrutado del buen viaje.

Great Pretender es una muy buena opción para quienes no buscan en un animé los clásicos caminos del héroe ni algo demasiado darky/edgelord. Es una propuesta bastante sofisticada dentro de un mar de mediocridades. Quizás su final es decepcionante o previsible, que lo es, pero, además, quiero creer que hay una poesía en haberme sentido medio estafado en su cierre, después de todo, si no es así, la farsa no estaría completa ¿cierto?

Fundador de Plan9. Periodista.