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#ChileenCrisis

1984: China crea un programa de políticas públicas para el control de contenidos online

La distopía hoy.

¿Sabían que los chinos en China no le dicen China a China? Si eso les parece un trabalenguas traten de pronunciar zhongguo, o la palabra en mandarín para el país “China”, se traduce más o menos como “Reino Central”, y habla mucho de cómo maneja China a sus chinos.

El gobierno zhongguo da miedo, no sólo por sus políticas orwellianas de control social autoritario en la era digital, sino por la facilidad con la que otros países occidentales buscan replicar sus técnicas de control. Y es así como la nación dragón ha presentado un nuevo programa social llamado China Saludable (2019-2030) con el objeto de aplicar restricciones y controles de contenido más estrictas a productos culturales, como streaming y videojuegos, todo, parte de su plan para mejorar y cuidar la salud mental de niños, niñas y adolescentes.

Este programa se presenta como respuesta al aumento en los problemas de salud mental en China, que el gobierno considera “un problema público de salud relacionado con el futuro del país”.

Esta nueva política social entra en vigor el 1 de marzo de 2020, va de la mano con “restricciones”, una forma elegante de decir censura, en el tiempo diario y el tipo de contenidos al que pueden acceder los menores de edad, además incluye “incentivos” para los desarrolladores a crear versiones aptas para todo público de sus aplicaciones, promoviendo la “energía positiva” y destacando el desarrollo económico del país para mostrar al mundo la China real y tridimensional”, todo en términos muy generales e inespecíficos. 

El mayor control de los contenidos que se emiten o se distribuyen en China tiene un efecto directo en la importación de videojuegos en un mercado cada vez más en boca de todos: no solo por las potentes inversiones que gigantes chinas como Tencent o NetEase realizan en estudios y compañías extranjeras (desde Riot, Epic Games, The PUBG Corp o Grinding Gear hasta Quantic Dream, Bungie o PlatinumGames, entre muchas otras) sino por las grandes posibilidades que, razonablemente o por pura desesperación, se ven en China.

En China actualmente los videojuegos son en su mayoría Free to Play, las restricciones de importación para las consolas y PCs, junto con un internet controlado hacen que la vasta mayoría de los usuarios accedan a los videojuegos a través de celulares y tablets.

Las propuestas regulatorias y el mayor control de las licencias de publicación han tenido su impacto en empresas como Tencent o NetEase, que a principios del año pasado vieron cómo las aprobaciones de algunos de sus juegos se retrasaban después de una serie de reformas que afectaban al aparato burocrático encargado de revisar las propuestas de publicación y censura en territorio chino.

Imaginen una burocracia centralizada para 1.400.000.000 personas, detrás del programa hay doce departamentos gubernamentales diferentes, desde la Comisión Nacional de Salud hasta la Admisitración Nacional de Radio y Televisión, y su alcance no se limita al contenido online o a los videojuegos: las medidas incluyen colegios y la creación de líneas telefónicas y programas de ayuda para tratar problemas mentales, entre los que se destacan la adicción a los videojuegos o los causados por el bullying, cosa que en la práctica no es para nada negativa, pero se ve impulsada por un afán paternalista con el objeto de destruir la mayor cantidad de «pequeñas libertades» que los ciudadanos chinos poseen.

Los juegos online, el streaming, las plataformas de vídeo y las apps educativas están entre los objetivos de las nuevas regulaciones, que buscan limitar el acceso a contenidos pornográficos, violentos y que inciten a las apuestas.

Este nuevo programa es un paso más dentro de la serie de medidas que el gigante asiático ha venido aplicando en los últimos meses y años para controlar el acceso, principalmente de menores de edad, a cierto tipo de contenidos considerados peligrosos por el gobierno.

En noviembre del año pasado se aprobaron una serie de medidas que, entre otras cosas, aumentaban la responsabilidad de plataformas como Bytedance y Kuaishou (básicamente las versiones de Facebook e Instagram chinos, respectivamente) a la hora de controlar qué se puede ver en ellas.

Los contenidos que infringen la privacidad personal y los «basados en rumores, sexualmente provocativos y peligrosos» que puedan incitar a replicar ese tipo de comportamientos quedaron prohibidos con esta nueva regulación; más polémica es la prohibición del uso de nuevas tecnologías para realizar actos ilegales, como cambios de rostro basados en inteligencia artificial (los deepfake) o usar simbología comunista en campañas de marketing, sobre todo por la importancia del reconocimiento facial en las protestas de Hong Kong, y cómo contribuyen a mantener todo tranquilo en la distopía contemporánea que es China.

Si señores, hace rato vivimos en una distopía.

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