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The Neon Demon: La gente linda siempre gana

8 septiembre, 2016

The Neon Demon: La gente linda siempre gana

The Neon Demon es una película hermosa. Es consciente de ello. De hecho, esa es su gran apuesta. La belleza. Como un todo. Como concepto. Como idea fuerza. Como superficialidad y como motor social, como forma de narrar y hacer cine.

Pero no es algo de extrañar; Nicolas Winding Refn siempre se ha caracterizado por ser un sujeto visualmente anclado a esa fantasía hipsteriana retrochentera. Es casi un sello de la casa.

A diferencia de otros cultores que usualmente rayan en lo burdo o derechamente tratan el tema de esa forma a propósito (te pienso Adam Wingard), Refn es sofisticado. En extremo.

De todas formas siempre lo ha sido. Por lo menos desde su etapa post Pusher.

La filmografía del director es un constante progreso visual. En Bronson ya muestra esa predisposición a los tonos pasteles azulados y rojos y amarillos. Ni hablar por ejemplo de Drive y Only God Forgives; que poco menos le faltan dos neones más para ser un meme de vaporwave.

Entonces The Neon Demon, es si se quiere; un paso natural y hasta esperable para el realizador danés. Una cinta que parece ser más un chiche de él que cualquier otra cosa. Una creación que para muchos es una bosta, y para otros, algo hipnotizante.

Ya, pero ¿qué onda con The Neon Demon?

Estrenada en Cannes con la crítica mega divida, la cinta de Refn aborda el mundo de la moda. La alta moda.

Protagonizada por el acierto de casting de Elle Fanning y acompañada de Jena Malone, Abbey Lee Kershaw (a quien pudimos ver en Mad Max) además de unos secundarios de peso como lo son Keanu Reeves y Christina Hendrick (completamente infrautilizados pero que supongo que la vuelve más atractiva comercialmente) aborda la historia, de la llegada de Jesse (Fanning) a L.A; una menor de edad que busca ser un éxito en el frívolo mundo de las pasarelas.

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Lo que Jesse no sabe, es que la (real) belleza (que ella posee) es el bien más preciado. Tanto que [email protected] harán lo que sea por obtenerlo.

Contada como una especie de fábula de horror ochentera. The Neon Demon es un viaje que sigue una historia en extremo sencilla y que apuesta por la fuerza de las imágenes, del estilo; más que en vendernos reflexión.

Supongo que incluso, aquella concepción visual muy videoclipera que utiliza Refn, es a propósito. Un poco como lo fue esa grandilocuencia ex profeso de Sorrentino en La Giovanezza o llevando la comparación al extremo, el desmadre de Bay en la pirotecnia.

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Y por ahí entonces es que la crítica especializada ataca a Refn.

Dicen que no denuncia, que no es atrevida, que en el fondo es una apología a lo que supuestamente crítica y que parece regodearse en la autocomplacencia visual. Y yo digo, puta ¿y qué más quieren?

Es el mundo de la moda. ES SUPERFICIAL.

Por si no se han dado cuenta, la industria de la alta costura han hecho que durante años, el planeta se mueva al ritmo de una canción ondera y poses atrevidas sin más sentido que un video de 30 segundos como este.

Este submundo lleno de frivolidad del que se acusa su indolencia en TND, no morirá jamás  (a no ser que haya una catástrofe nuclear, y aún así, creo que lograría reinventarse).

Puedes reverenciarlo como el Vogue de Madonna, reírte tontamente de el como en Zoolander, reinventar (por milésimo quinta vez) los comerciales de perfume como Spike Jonze o puedes crear un artefacto visual, porque sí.

Finalmente The Neon Demon no busca ser más que eso.

Una máquina de las obsesiones visuales de su director, que bajo la pseudo capa de thriller caníbal y su obvia metáfora al culto a la eterna juventud, la virginidad, el sexo, el cuerpo, el hambre, la codicia y todos esos pecados capitales que nos conocemos de memoria, es demasiado honesta consigo misma.

De todas formas por eso es tan entretenida de ver. Es bastante reconocible el montón de influencias a la que echa mano Refn para potenciar su capricho.

Desde Argento hasta William Lustig desfilan una tras otra las armas del danés que arman esta historia sobre canibalismo de neon. No para mantenernos interesados ni expectantes, sino que hipnotizados por un videoclip muy largo, muy cool y muy lleno de nada.

Así parece que la belleza lo es todo. Absolutamente todo. Y puede que no te guste, o no te convenza. Pero eso no le quita razón de ser a esta obra.

Una cinta ondera como esta; en el escenario actual; desde siempre tan vacío, tan superficial, tan plástico y ciertamente tan real, que al final como que da lo mismo.

Todos sabemos que lo bello siempre gana. No hay nada que podamos hacer contra eso. No es que importe mucho tampoco.

Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.
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