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El Niño y la Bestia (2015): Saber tener la espada en el corazón

25 agosto, 2016

El Niño y la Bestia (2015): Saber tener la espada en el corazón

Hay que ser claros. El Niño y la Bestia es una cinta que ya tiene un tiempo entre nosotros. Sin embargo, su arribo a salas nacionales no sólo es una grata sorpresa; sino que una declaración de principios, una que deberían aprender en algunas distribuidoras.

No queremos ver lo mismo de siempre en la cartelera. Así de sencillo.

Y no me refiero al circuito alternativo.  Porque desde el under y lo menos masivo se está construyendo una agradable escena, eso es harina de otro costal. Me refiero a la posibilidad de ofrecerle al público más tradicional, una apuesta diferente a lo que las grandes distribuidoras decidan que veamos.

Nada contra La Vida Secreta de tus Mascotas (que es Toy Story con perros) pero me gusta ver más pluralidad en la cartelera.

Dicho esto, lo hecho por Mamuro Hosoda es simplemente extraordinario.

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El hombre responsable de cosas como La chica que saltaba a través del tiempo, Los Niños Lobo o Summer Wars, vuelve con un relato de corte fantástico que por medio de la clásica relación alumno maestro, aborda temas como la soledad, el miedo, la madurez, la paternidad, el entendimiento del otro y la responsabilidad.

Y lo hace, con una gracia y estilo envidiables.

En Bakemono no ko,  se narran las aventuras de Ren, un niño que viaja al mundo de las bestias por accidente luego de algunos trágicos acontecimientos y entabla una relación de maestro y aprendiz con una poderosa criatura llamada Kumatetsu, ahí, aprenderá con el paso del tiempo a madurar y crecer y entre tantas otras cosas, la importancia de la educación.

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Es evidente que en lo de Hosoda estamos frente a un relato extremadamente tradicionalista, pero que provee de tanto cariño para con la historia que cuenta, que termina siendo capaz de sobrepasar su predecible rumbo.

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Su riqueza proviene de un apasionamiento que pocas veces se ve en obras como esta, en lo que muchos estudios consideran cintas  genéricas cooptadas por su propio ritmo narrativo. Películas en las que tiene que siempre estar pasando algo, siempre un chiste, un gag, algo,  no vaya a ser que los niños se nos distraigan.

En vez de sentarse a contemplar y pensar en el tipo de la historia que quieren ser, muchos terminan llevados por la prisa del efectismo simplón y el divertimento de manual.

Hosoda termina alejándose gradualmente de hacer una película como esa, y dota de multidimensionalidad a personajes que en otras manos, carecerían de cualquier atisbo de complejidad.  

En El Niño y las Bestia terminamos frente a relatos sumamente reales sobre lo que es encontrar el yo en una sociedad como la oriental.

Y eso es una constante en el cine de el japonés, Hosoda no sólo nos da personajes capaces de protagonizar historias extraordinarias de mundos virtuales; niños lobos; o viajes temporales, sino que además se ven enfrentados a desafíos que en otro contexto podrían ser profundos dramas, pero que acá, conviven de la mano con un universo rico, vasto, y por sobre todas las cosas, se perciben hechas con más amor que la chucha.

Porque eso se nota mucho. Las historias de Hosoda, como decía más arriba, en mi opinión, pueden ser consideradas bellas obras de un Shokunin.dfgsjkcnsjkdhsukzcbkjsdbfjksd

En japonés la palabra denominada Shokuninpuede traducir literalmente como ‘artesano’ y es dueña de un significado mucho más profundo de lo que podría parecer a simple vista.  Se refiere a una especie de grado social adquirido con los años de práctica para llegar a dominar una técnica.

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Y esto vale para todo. Puedes ser un Shokunin que repara bicicletas, hace muebles o un jardinero. Un Shokunin es alguien que alcanza reconocimiento por la comunidad y su trabajo.

Hosoda quizá no destile la genialidad de Ghibli, que vía poética narrativa y visual; nos arrollan con sus historias, o la maestría del relato de género que maneja Pixar, pero tiene otras maravillosas virtudes que lo han vuelto un imprescindible moderno de su industria.

Al igual que sus personajes, las películas de Hosoda aprenden su lugar; saben donde poner su corazón y su arte, al servicio de una historia que funciona como debe funcionar.

O en palabras de la bestia Kumatetsu, sabe tener la espada en el corazón. Y eso basta para mí.

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Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.
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