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Ni No Kuni: La ira de la Bruja Blanca, el juego como relato primordial

28 octubre, 2016

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Ni No Kuni: La ira de la Bruja Blanca, el juego como relato primordial

Por Fromdreamland.

Otro hijo del estudio de Hayao Miyazaki llegó a América y Europa en 2013. Hermano de Mi vecino Totoro, El viaje de Chihiro, La tumba de las luciérnagas, El castillo ambulante, La princesa Mononoke y más, el hermoso y colorido Studio Ghibli, en un dueto con Level-5, nos entrega una franquicia diferente a sus afamadas películas: un videojuego que no dejó ni dejará indiferente a nadie.

Ni No Kuni o La segunda tierra, en su traducción literal al español, nos pone en los zapatos de un niño de 13 años llamado Oliver que vive junto a su madre en un pequeño pueblo llamado Motorville.

A él y a su amigo Philip les gustaban tanto los autos, similar a la película Los pequeños traviesos donde salía Alfalfa, que decidieron construir uno. Y lo lograron. Pasó que Oliver, pese a las advertencias y consejos que le entregaba su mamá, como todo niño a esa edad, se sube de todas formas al auto y sufre un accidente cayendo por una ladera directo a un río.

Allie, su madre que lo había estado buscando, ve desde lejos lo que está ocurriendo y corre para salvar a su hijo, lográndolo pero perdiendo la vida a cambio.

Pasan los días luego del accidente y la pena de Oliver no cesa. Estando en su habitación, un pequeño peluche que le había regalado Allie comienza a cobrar vida. Drippy, como lo apoda Oliver, un ser pequeño con una nariz lo suficientemente grande y pronunciada para cargar un farol, le entrega al niño un libro llamado el Vademécum del Mago, dándole el título de mago y el poder suficiente para poder viajar a otro mundo.

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La trama, escrita por Akihiro Hino, se desarrolla en esa otra tierra, Ni No Kuni, que resulta ser una realidad paralela a Motorville. La misión de Oliver es derrotar al malvado brujo Shadar y así tener la oportunidad de revivir a su madre.

Shadar posee la habilidad de descorazonar a las personas, dejándolas vacías, sumidas en una depresión de la que no pueden escapar sin la ayuda de alguien más. Para hacer frente a esto, Oliver tiene el don de guardar el sentimiento que le sobre a alguien, como el amor, el coraje, la ambición y la bondad, para entregárselo a los descorazonados y recuperar su cordura.

Un cuento triste pero lleno de magia es el que entrega la experiencia en este juego. Como toda buena historia japonesa, el desarrollo está basado en la pena de un niño que ha perdido lo más preciado que tenía. Sólo hacia el final se puede interpretar que todo lo ocurrido en Ni No Kuni, quizás y sólo quizás, es un imaginario creado por Oliver para superar la muerte de su madre en la realidad.

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La historia, el desarrollo de los personajes y sin duda alguna la producción de Studio Ghibli son lo que le dan vida a esta joya de los videojuegos. No sería lo mismo si no lo vieras y dijeras: “¡Mira, es de los creadores de Totoro!”, porque una historia con un trasfondo así de triste sólo puede ser vista con otros ojos a través de la magia que el estudio produce. La pena queda en segundo plano y no termina siendo más que una reflexión.

Por más oscuro que sea el trasfondo, no esperes monstruos como en Dark Souls, es Studio Ghibli, no hay nada más hermoso que su arte, color y dibujo. La franquicia sólo posee paisajes, personajes, enemigos y malos que se basan cien por ciento en su personalidad. Shadar te parece malo porque lo es, no porque lo aparente físicamente. Asimismo, Drippy, por más cascarrabias que sea, es sabio porque le enseña cómo seguir viviendo a Oliver, no por ser un duende.

Además la trama fluye junto a la banda sonora compuesta por el mítico compositor Joe Hisaishi, quién entregó esencia a múltiples producciones del Studio Ghibli anteriormente. El álbum denominado Ni no Kuni: Shikkoku no Madoushi Original Soundtrack, contiene dos discos interpretados por la Orquesta Filarmónica de Tokyo. Además, la canción principal de la franquicia, Kokoro no Kakera o Fragmentos del corazón, que pone la guinda sobre la torta hacia el final del juego, es interpretada por la propia hija del compositor: Mai Fujisawa.

La canción trabaja lo que sería el trasfondo de la historia. Comienza hablando de alguien, por la interpretación un niño, que intenta alcanzar algo en el cielo, pero con el tiempo se da cuenta que no será tan fácil, pero aun así sigue soñando con estar una vez más con ese alguien, de estar cerca de su corazón para siempre.

Todo lo relevante a la música tiene su punto, su razón de ser. Acompaña de forma maravillosa todo lo que te intenta mostrar a través del dibujo. Te hace sentir lo que estás viendo.

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El juego revive de las cenizas el estilo RPG, derribando todo mito creado sobre la imposibilidad de crear un mundo abierto capaz de ser explorado hasta el aburrimiento, como se hacía con los antiguos Final Fantasy. Esta cualidad, más el desarrollo de misiones secundarias y secretos que vayas descubriendo, te darán más de 100 horas de juego. Mas si lo que te llama a probarlo es la historia, mínimo te esperan 40 horas sobre la aventura de Oliver, Drippy y sus amigos.

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El único punto flojo de la franquicia, asociado a lo que es el RPG, es la funcionalidad de la Inteligencia artificial, de los personajes que te acompañan. Durante la batalla sólo puedes hacer uso del personaje principal, por tanto el resto de tus compañeros de equipo juegan prácticamente solos, derrochando todos sus puntos de magia en los enemigos más fáciles de vencer. Si bien es posible crear formaciones, parecido al sistema de batallas de Final Fantasy XIII, la IA muchas veces hace lo que quiere haciéndote pasar más de una rabia.

Creo que en cuanto a sumas y restas está fácil el ejercicio. Vale mucho la pena comprar y probar Ni No Kuni, más ahora que se está anunciando la producción del segundo.

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