El Infinito

Michel Houellebecq, el escritor como profeta

8 enero, 2015

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Michel Houellebecq, el escritor como profeta

Por Eduardo Fernandez @fg_edu

Conocí a Michel cuando asistía a un taller literario en Balmaceda 1215. A los 14 años mi criterio literario era bastante acotado. Los clásicos te ofrecen una literatura plana y convencional, donde la secuencia es siempre la misma: introducción, desarrollo y conclusión, con tópicos más o menos parecidos.

Obviamente, todo arte es reflejo de su tiempo. Pero, yo no vivía en la Inglaterra de Charlens Dickens ni en la Francia de Julio Verne. Vivía en un mundo globalizado donde lo habitual es estar en crisis e ir superándola constantemente.

Fue en ese tiempo y en ese taller donde alcance cierta madurez literaria. Fue como perder la virginidad o fumar tu primer pito. Despiertas de golpe. Aparecieron nombres como Bukoskwi, Henry Milller, Jack Kerouac, Roberto Bolaño. Escritores que no manejan con maestría la palabra escrita, pero tienen un valor: escriben con pasión y sinceridad. Y eso en un mundo como éste, se agradece.

Por cierto, Michel Houellebecq, es uno de ellos. El artista francés que escribe como si tuviera un misil en vez de lápiz, pólvora en vez de tinta. El francés menos cursi y más polémico que existe. Y el hombre del momento. Su reciente novela “Sumisión” es un libro de política-ficción, donde Francia termina siendo gobernada por musulmanes, las mujeres ya no andan con bikinis sino con velos y el libro más leído no es “50 sombras de Grey” sino que el mismo Corán.

El tema no es gratuito. La obra llega a las librerías francesas justo un día antes del ataque a la revista, “Charlie Hebdo por la yihad musulmana y la creciente ola de anti-musulnamismo(?) que gobierna en Europa.

Pero, vamos por parte, dijo Hans Pozo, como dirían las personas crueles y sin corazón, frase que no voy a volver a repetir. Copiemos algo de Wikipedia: nació en 1958 en Saint-Pierre, Francia. Su infancia, como buen escritor no estuvo exenta de problemas. Sus padres le tenían tanto afecto que se desentendieron de él a los pocos años de nacer, dejándolo al cuidado de su abuela materna de quién tomó su apellido.

Más allá de lo que diga la Enciclopedia Global, es cierto que esta experiencia puede haberle dado una cierta sensibilidad con las carencias afectivas del hombre moderno. En sus libros, los personajes puede que a simple vista lo tengan todo, pero no termina de terminar la historia para darse cuenta que en realidad sus vidas no son más que una serie de hechos desafortunados que escapan a su control inmediato.

De profesión es Ingeniero Agrónomo y se desempeñó como informático por bastante tiempo. El libro que lo llevó desde al anonimato hasta la fama fue “Ampliación del campo de batalla” en 1994. Obra que fue comparada con los libros de Albert Camus y que no me referiré ampliamente porque no lo leí. El que sí leí, en la época donde era un púber, fue “Partículas elementales”. Fue como ponerle la “Naranja Mecánica” o “The wall” a tu hermano chico. No tenía idea de lo que tenía en frente.

El libro cuando se lanzó, fue una bomba. Desenterraba las falencias de la sociedad francesa, narrando la historia de dos hermanos abandonados por su madre quien se fue a vivir a una comunidad hippie: Michel, una especie de monje científico asexuado y Bruno, su contraparte, un hombre obsesionado con el sexo y la pornografía, además de racista y misógino. Pero, aparte de este detalle, el blanco son los causantes de la revolución del 68, donde la mayoría de los protagonistas de esa época son los que controlan el poder político, económico y cultural de Francia actualmente.

Ahora bien, ser bastante crítico no es ninguna novedad. La novedad es hacerlo con gracia. Michel tiene de sobra. Su sentido del humor, negro por supuesto, es reflejo de una inteligencia aguda y necesaria. “Al contrario que la música, que la pintura, incluso que el cine, la literatura puede absorber y digerir cantidades ilimitadas de burla y de humor.

Ese es mi Michel escribiendo en partículas elementales. Esta misma inteligencia lo hace capaz de jugar con la forma enriqueciendo el fondo: hay capítulos donde fuera de una narración clásica, sólo habla de química y de aspectos científicos que, tienen injerencia en la vida moderna del común de los ciudadanos.

Después de ese libro olvidé su nombre. Años más tarde encontré algunos poemas que me gustaron, pero no relacioné su apellido a nada. “El amor, el amor” da cuenta de su espíritu existencialista por lo que no es extraño que se lo vincule con Camus.

En un cine porno, unos jubilados cascados
Contemplaban, escépticos
Los retozos mal filmados de dos lascivas parejas;
No había argumento alguno
He ahí, el rostro del amor…
El auténtico rostro del amor.

Pero, el libro que terminó por convencerme fue “La posibilidad de una isla” que me mereció varios días de multa en Bibliometro porque no quería entregarlo.

Narra en primera persona la historia de un famoso humorista europeo que a partir de sus “stand up comedy” consigue el éxito y la fama. El hombre, cansado de su popularidad conoce una secta que ofrece la posibilidad de vivir eternamente. El relato tiene dos partes: una viene del futuro y de las numerosas clonaciones que tiene el personaje; y la otra viene desde el presente. Los matices, por supuesto, son variados; La insatisfacción, el materialismo, la ineficiencia del arte y la juventud actual europea.

Un libro mucho más político que sus antecesores, donde los dardos van dirigidos a la religión y donde atisba sus primeras emociones contra la religión musulmana.

Y ahora viene “Sumisión” cargado de polémicas. La última edición de la revista Charlie Hebdo, dedica varias caricaturas al escritor por su tensa relación con los musulmanes. En una de ellas, parecía su caricatura con el texto: ¡Escándalo! ¡Alá ha creado a Houellebecq a su propia imagen!”.

Houellebecq lo hizo otra vez, desmenuza y saca a la luz los puntos débiles y las hipocresías que nadie se atreve a desmantelar. “Toda sociedad tiene sus puntos débiles, sus llagas. Meted el dedo en la llaga y apretad bien fuerte. Habla de la muerte y del olvido…Sed abyectos: sereís verdaderos.”

¿Alguna crítica? Todavía estoy enamorado y en primeros años de relación. No le veo defectos. Quizás, el aprovechamiento de los temas sensibles es una arma de doble filo: puede que te de fama fácilmente. Pero Michel lo hace con clase así que lo perdono.

Me hace retomar mi confianza en la literatura y olvidar nombres como Isabel Allende o Roberto Ampuero. Sólo me queda decir que lo lean, que aprendan a pronunciar su apellido en un tono afrancesado y que lo mencionen en un bar, en el almuerzo, en una cita.

Puede que no sirva de nada, pero vale la pena intentarlo.

One Comment
  1. Catalina Aguilar

    Primero, quiero recalcar una frase que me hizo reír mucho (más allá del contenido de este post) "Pero, vamos por parte, dijo Hans Pozo, como dirían las personas crueles y sin corazón, frase que no voy a volver a repetir." Eso, por otra parte, me motivaste a leer ese libro, de hecho lo anoté porque ya sé que hay uno en el bibliometro (espero que lo hayas devuelto).

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