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Me niego a ser identificado por el poder: Una breve reseña a la Séptima Función del Lenguaje, de Laurent Binet

13 febrero, 2017

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Me niego a ser identificado por el poder: Una breve reseña a la Séptima Función del Lenguaje, de Laurent Binet

Adentrarse en una época, distinta, en un país distinto, y sobre toda en la narrativa de un voz distinta es fascinante. Siempre lo ha sido.

Históricamente ha sido así. Casi todo lo que leemos ha sido así. No hay ninguna novedad en esto. La gracia, porque todo debe tener una gracia, es el cómo.

Para los estudiantes de comunicación, de lingüística, literatura, y las carreras de humanidades en general, hablar desemiótica o semiología no es nada nuevo. Los sistemas de comunicación dentro de las sociedades humanas, ha sido por casi un siglo una preocupación constante para los intelectuales occidentales.

La concepción de una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la vida social, pareciera ser la respuesta a un sinfín de cuestionamientos que el ser humano se ha hecho durante toda su vida, y que durante los últimos 100 años, ha interiorizado de su estudio, y su desarrollo.

Tan difícil, como interesante. Tan complejo, como hipnotizante. Tan absurdo, como aburrido. Tan lleno de detalles, que costaría comprender de manera certera su real importancia, y su alcance, es lo que nos presenta esta ciencia social, y la Séptima Función del Lenguaje, de Laurent Binet, utiliza hábilmente, para ver y denotar algo que en apariencia no existe.

París, Francia. 1980. Un mundo y una civilización, atemorizada por conflictos internacionales bélicos latentes. La Guerra Fría, Europa y el planeta polarizado políticamente es el escenario del asesinato del crítico literario, académico y semiólogo Roland Barthes. Muerto en un accidente de tránsito, mientras va caminando distraído por las calles parisinas, luego de reunirse en un restaurante con un candidato socialista a la presidencia francesa. Hasta ahí todo normal. Hasta ahí nada sospechoso o fuera de lo corriente.

Un atropello, un distraído y un muerto.

En el lecho de muerte del profesor Barthes, rodeados de alumnos y amigos, aparece en la urgencia de un hospital parisino el encargado de hacer la semiología como suya; el Comisario Bayard. Y es que el atropello del profesor Barthes, para el comisario, no es un simple accidente.

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Luego de realizar unas breves preguntas, casi sin respuestas, al moribundo Barthes, el comisario denota una cierta complejidad. Y es que la sustracción de documentación del profesor y crítico literario, no era, según Bayard, una mera casualidad.

De hecho, por un crimen tan cotidiano, como un accidente vial, delegar a un detective de manera exclusiva para destrabar las causas de una inminente muerte, no es lo cotidiano. El olfato detectivesco algo le decía. Algo le señalaba que lo ocurrido con Roland Barthes, no era un simple accidente de tránsito.

De ahí en más, comienza una tormentosa y, en un comienzo, primitiva investigación por parte del comisario. Los métodos, salvo su olfato, aprendidos en la academia de detectives no serían suficiente. A poco iniciar sus pericias, se da cuenta de la capas, llenas de símbolos, signos y significantes que tendría su investigación, y que al parecer, la vida conllevaba un sinfín de cuestionamientos que se escapaban de sus conocimientos ‘​racionales’.

Acá nada es casualidad, aunque suene cliché, nada es lo que parece. La búsqueda del comisario Bayard, lo lleva a entrevistarse con un colega y amigo de Barthes;un tal Michael Foucault.

El filósofo y académico francés, célebre por ser uno de los principales críticos de la sociedad en que vivía -y vivimos- aparece en la novela en la cúspide de su carrera. A Bayard, el hecho de que un académico cualquiera-para él- por enseñar y hablar cuestiones izquierdistas, que se escapaban de sus conservadores y técnicos conocimientos, y sobre todo que ganara más que él, simplemente lo perturbaba.

A pesar de todo, el comisario no es un aparecido en las artes investigativas. Al darse cuenta de sus propias falencias, decide dar un vuelco en su investigación. Entiende que la compleja red que rodea el caso, no es algo que pudiera a resolver solo. Necesitaría de un experto.

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El experto, un joven semiólogo llamado Simon Herzog, será el guía del detective, que aparte de acompañarlo en la empresa de averiguar qué se esconde detrás del robo de unos papeles una vez atropellado Barthes, será el encargado de sumergirlo en la semiótica.

Éste le explica, por ejemplo, de que según Jackobson (linguista y teórico literario ruso), el lenguaje tiene 6 funciones. La séptima función del lenguaje, paciera, está contenido en el documento sustraído a Barthes en el accidente de tránsito.

La Séptima Función del Lenguaje, de Laurent Binet, necesita un guía, como el comisario. Para los no iniciados, para los que están siempre en la búsqueda de algo nuevo de que leer, es una invitación a adentrarse en un mundo ajeno, lejano, impropio.

Un mundo que se pudiese llegara escapar de la atención y concentración de los mortales lectores, que somos nosotros.

Binet comprende esto, y al igual que al comisario Bayard le llega su ayudante, el autor es nuestro guía para poder seguir y no perdernos en el intento.

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