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Kong: Skull Island (2017) de lo humano a lo salvaje

16 marzo, 2017

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Kong: Skull Island (2017) de lo humano a lo salvaje

Si Godzilla es el rey indiscutido de los Kaiju, King Kong es el padre, incluso quizás del género. Muchos no saben que la película del simio gigante que se sube al Empire State fue estrenada en 1933, unos 21 años antes que la primera aparición de nuestro lagarto favorito.

Convirtiéndolo en un personaje icónico innegable de la cultura popular, que adoro, a pesar que su devoción por la pantalla grande sea más bien mesurada, con un total de siete películas que retratan al primate con esteroides.

¿Somoh o no somoh amegos? King Kong VS Godzilla (1962)

Pero no por qué no tenga un gran impacto en el público, sino debido a los derechos de autor (cuéntate una de vaqueros), que de alguna manera maldiciendo al gorila como en la cinta original, lo mantuvieron atado en cadenas a tres productoras distintas :

Paramount Pictures, RKO Pictures y Universal Pictures, en una batalla tan épica como las que pudimos ver en sus películas. Finalmente, después de años de juicios legales en los que participó Richard Cooper (hijo del director de la cinta original), Universal Pictures obtuvo los derechos exclusivos para hacer películas del personaje.

Y para celebrar la victoria fuimos espectadores del remake dirigido por Peter Jackson que se estrenó allá en el lejano 2005.

Eones han pasado y el impacto de su primera cinta en materia de efectos especiales sigue siendo incuestionable. Jackson por su parte también realizó un muy buen desarrollo de personajes en el remake y en cuanto a sus efectos especiales, aunque no le otorgan una atemporalidad a su versión, dejo la vara bastante alta (aunque pecó con una excesiva duración en el metraje y un ritmo que no se lucia por tener buena armonía).

Ahora llega a nuestras retinas, Kong: Skull Island, de la mano de Legendary Pictures (con el permiso de Universal Pictures) junto a Warner Bros para presentarse como la antesala de la pelea entre titanes más épica de la historia del cine: Godzilla VS King Kong (2020).

Kong: Skull Island (o Kong: La Isla Calavera como llego a nuestro país) tiene a los 70’s como contexto imperante, hablo de un momento en que se firmaban Los Acuerdos de paz en París, que determino la salida de las tropas estadounidenses de Vietnam.

Esto va marcando gran parte de los elementos que se pronuncian a lo largo del film y sentencia muchas de las actitudes de sus protagonistas. Pero una de las cosas que debemos agradecer es que al contrario de su contraparte Godzilla (2014), este gran factor humano que incide en la cinta del gorila no disminuye o altera su aparición.

De hecho, uno de los elementos que me sorprendió es que le dieran una presencia tan imponente a lo largo de la cinta.

Las criticas que recibió el Godzi de Legendary Pictures al aparecer tan sólo en el acto final de la película tuvieron que haber calado muy hondo en la productora, por qué el cambio es en 180°.

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En la película vuelve a aparecer la organización M.U.T.O (“Massive Unidentified Terrestrial Organism”) como lo vimos en su antecesora Godzilla (2014), esta vez compuesta por William Randa (John Goodman) y Houston Brooks (Corey Hawkins), que van a la isla calavera para investigar a las criaturas que viven en ella. La organización secreta recluta a un escuadrón militar para acompañarlos en su misión donde los miembros más importantes son: el teniente Preston Packard (Samuel L. “Fucking” Jackson) y James Conrad (Tom Hiddleston, osea Loki).

Pero se encuentran cara a cara con un King Kong que al ser más joven es impetuoso e impulsivo.  Y ahí es donde exactamente me quiero detener.

La misma expresión que pondrás al ver por primera vez a King Kong en la película.

En el 80% de las cintas en las que ha aparecido Kong, básicamente se maneja un mensaje claro y conciso:

“El ser humano es el peor de los monstruos”

Para darle énfasis a ese mensaje, el gorila ha sido revestido a lo largo de los años con una “humanidad” que es sinónimo de la bondad, el honor, darle el 1% a los bomberos e incluso el amor.

Toda esta imagen que gira en torno al gigante ha servido para construir ese discurso. En Kong al comienzo vemos el monstruo y le tememos, pero a lo largo de sus películas nos damos cuenta que él no era el malo de la historia, sino que lo eramos nosotros, el mismísimo ser humano (léase con voz de Vincent Price y adjunte risa maquiavélica).

Entonces esto se ha convertido en  un sello, un emblema que tiñe al primate y lo ha transformado en algo más importante que tan sólo “un monstruo destruye ciudades”.  Hago mucho hincapié en esto por una simple razón, Kong: La Isla Calavera, se lo pasa por la raja y pone TODAS sus fichas en “lo espectacular”.

Hablaba de lo espectacular y bueno, es John C. Reilly, son como sinónimos. Se roba la película <3

Si bien, este mensaje es importante y se frecuenta para impregnar a mi mono gigante favorito, también como espectador debo comprender que quizás un Kong “humanizado” no sigue la tendencia de este universo cinematográfico donde tendrá que pelear con Godzilla en algún momento. Y que a pesar que este distintivo lo diferencia en gran parte del resto de los monstruos gigantes, él también es uno.

Incluso en su película original, King Kong no lidio con su problema a través de una demanda en el juzgado, se subió al Empire State e hizo cagar los aviones que pudo hasta su muerte.

Entonces que desaten a ese animal salvaje que en teoría corresponde también a parte de su naturaleza, me parece dadas las circunstancias – cof cof repito, futura pelea con un coloso pejelagarto cof cof- una idea bastante acertada.

La cinta decide prescindir de la “humanidad” de Kong (que deberíamos aceptar también, se ha vuelto un cliché que se enamore una y otra vez de la damisela en peligro) y aunque no se arriesga, mueve los hilos hacia una experiencia audiovisual atractiva. Contiene un uso de planos que saben como llamar tu atención en los puntos más álgidos para que chorrees fluidos.

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Decir que la película tiene combates frenéticos, es poco, no es hacerle justicia.

Hay peleas con alimañas gigantes a destajo, su esquema de montaje es del tipo ascendente y no falla en darnos una dosis extrema de la épica, siempre manteniendo un ritmo ágil, que no se detiene hasta el final.

Sus personajes la hacen una película muy entretenida, aún cuando todos sean un reciclaje de arquetipos que estamos hartos de ver. Pero la película es súper honesta consigo misma y jamás intenta venderte un conflicto memorable o algo más que pura y manifiesta masturbación visual.

El personaje más interesante, aunque a algunos les costará creerlo es el teniente Preston Packard (Samuel L. “fucking” Jackson),  casi el único personaje “no plano”, y es por el tono post-guerra que posee. Packard se encuentra realmente afligido por la derrota de USA en la Guerra de Vietman y la misión en la Isla Calavera abre ante él una oportunidad irrepetible para recuperar su honor.

Es el único personaje que puede jactarse que casi todas sus decisiones tienen una justificación de peso.

Su banda sonora engancha, pero la razón más acertada es que esta compuesta por muchos temas de los setenta en alegoría a la época o Vietnam.

Kong: Skull Island deja de lado lo humano y abraza el lado más animal del primate más bacan del universo (puesto que comparte junto a Donkey Kong), suda acción hasta en sus huesos, y no escatiman jamás nunca en darnos una hermosa y visceral violencia.

Y si bien, puede decepcionarte al hacer la comparación con otras películas del Rey Gorila. Se hace evidente que lo que está frente a nosotros no es más que un preludio de lo que podrían llegar a lograr en el crossover entre los dos monstruos más famosos del cine.

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