El Infinito

Freakzone: RetroWave, Cyberpunk Neonoir III. Ochentero with a Vengance

25 abril, 2016

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Freakzone: RetroWave, Cyberpunk Neonoir III. Ochentero with a Vengance

Es el futuro distante. El apocalipsis tuvo un apocalipsis. De las cenizas nucleares del año 2010 ha nacido una nueva raza mutante de música electrónica desde el corazón purulento de Nueva Detroit. Hogar de pandillas de motociclistas cyborg con neón líquido en lugar de sangre y venganza en lugar de corazón.

Cuando la premisa de tu música es tan espectacular como la trama de Blade Runner en ácido, sabes que hiciste algo bien.

El RetroWave o SynthWave es un subgénero de música electrónica parida en el corazón de los ochentas, pero treinta años más tarde. Es parte de la sagrada trinidad del “electro satírico”: Vaporwave, Chillwave y RetroWave, nacida a principios de esta década en el seno de la generación “millennial”.

A diferencia de sus hermanos,que se enfocan en usar samples y loops de música de elevador junto a comerciales de Pepsi a modo de crítica anticonsumista, el RetroWave se concentra en dejar su propia marca, con bases y samples propios, junto a los de soundtracks ochenteros, todo esto en armonía con sintetizadores (muchas veces) reales.

En definitiva, música de puta madre.

El RetroWave comienza a tomar forma a mediados de la década pasada en Francia, a manos de universitarios obsesionados con el cyberpunk, los videojuegos de maquinitas y las películas slasher ochenterasCollege, Valerie Collective, Anoraak y Lifelike (de más está decir que van ultra recomendados todos ellos) comenzar a experimentar con la sinestesia de música electrónica y la cultura ochentera norteamericana enlatada en el mutante que es hoy el RetroWave.

 

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Podemos establecer al RetroWave como la antítesis del VaporWave, estéticamente hablando (¿o debería decir Aesthetic?).

Mientras que el RetroWave busca emular la ciencia ficción ochentera, entremezclada con el género del horror slasher en una perspectiva retrofuturista, el VaporWave se apega a recrear la atmósfera de los ochentas, evocando un sentimiento de nostalgia muchas veces inexistente para sus creadores, en su mayoría menores de 25 años. En sí, es un fenómeno que merece un artículo propio.

 

Pero el RetroWave dejó esos círculos cerrados de pseudointelectuales franceses y dió su salto al mainstream, dando vida a los soundtracks de películas como Turbo Kid, Kung Fury y Drive, películas que no puedo dejar de recomendar (las dos últimas en su Neflix más cercano) en especial Drive.

Este thriller neo noir tenía bien merecido su premio Óscar a mejor película… excepto que no lo ganó. Tampoco la nominaron a ninguna categoría y le dieron el premio a The Artist. Esa manga de conchesumadres en la academia.

El mundo de los videojuegos es otro de los planetas invadidos por el RetroWave.

Mi primer contacto con el género vino de la mano de Hotline Miami (2012), juego sueco de acción ultraviolenta slasher en 16 bits, el cual hacía uso magistral de la música, manteniendo al jugador pendiente del ritmo con que ejecuta magistralmente sus masacres pixeladas, todo esto en un entornos fosforescentes de tonos rosados y drogas de diseñador.

(les debo artículo, ustedes tienen que webearme para hacerlos o se me olvida)

En la actualidad, el género ha generado un culto en torno a sus influencias, como su esencia musical.

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John Carpenter, Tangerine Dream, Blade Runner, música de gimnasia ochentera entremezclada con ritmos oscuros rozando el metal industrial. Es música electrónica que se enfoca más en simular situaciones de tensión y acción que ser bailable. La clase de música que Tetsuo escucha en su wurlitzer antes de salir a matar payasos, y amo a más no poder el género por eso.

 

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