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Día de definiciones

2 julio, 2017

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Día de definiciones

Sometidos ya al invierno que promete frío, un extraño sol calentaba el ambiente. ¿Quién lo hubiese imaginado? La Copa Confederaciones 2017 será recordada por todo lo que generó a su alrededor, y también por su desarrollo en la cancha.

El día sábado los supermercados quedaban vacíos, y la presión de votar en las primarias obligaba amanecer lo más temprano posible, ignorar la resaca de la noche anterior y hacer algo importante.

La historia de estos jugadores se viene escribiendo hace rato. Alexis Sánchez desde pendejo viene diciendo que quiere ser el mejor del mundo. Y la ansiedad carcomía los nervios de millones de chilenos.

 “Puta Andrés, tengo miedo, ojalá no quedemos tristes”, le decía un padre a un hijo que veía en ese momento, la oportunidad de conversar con un familiar lejano. “No huevón, si vamos a jugar bien”, le respondía.

Las calles, antes del partido, se convirtieron en un océano de autos. Las veredas, en un bosque de piernas. La sorpresa de ver tanta gente votar, quedó pequeña al lado del increíble partido de la selección chilena.

Alguien en la fila comentaba: “No, yo soy independiente, pero ni yo ni mi familia ha sido alguna vez de izquierda. Nunca. Y ahora los candidatos no son como los de antes”. ¿En quién estaba pensando esa señora?

Sobre pensar el juego

Díaz siempre será el cerebro de este equipo. El que ordena, el que piensa. Y para los que se quedan pensando, la empatía es más grande. Te diste una vuelta de más, Marcelo, sobre pensaste el juego.

Mauricio Isla le gritaba: “Tranquilo, eres el inteligente, cálmate tú”. Un Huaso que mostró la calidad que siempre ha tenido, pero que se le olvida en una Europa ingrata.

Una Europa en la que están pasando cosas. El país soviético estuvo a prueba por un mes. Y recibir a la selección alemana no era algo tan fácil. Historia hay, el recuerdo queda.

Draxler y Goretzka, los referentes del equipo B, elogiaban la organización del país ruso. La tierra de Putin, de Glinka y Malevich. La de Lev Yashin. Aprovecharon de comentar, además, que estaban fomentando las buenas relaciones entre los dos países.

En Chile, el ambiente político se vivió en los estadios. En los colegios y en los asados. Algunos tragaban comida china. Daba lo mismo, lo importante era llenar el estómago y vivir algo único.

Desde la semifinal contra Portugal se instaló la euforia. En las oficinas y hospitales se reunían en torno a una pantalla. Incluso los canales de televisión no podían pensar en otra cosa. “Claudio Bravo es un gigante”. Daba lo mismo si había un programa en vivo, los penales eran más importantes.

Al mismo tiempo, un político del montón llamaba a los amigos a no votar. O sea, la cosa es cuando él quiere. Nefasto. El fútbol siempre ha sido político. Nos acordamos de Sócrates y su Democracia Corinthiana, de Didier Drogba y el conflicto marfileño. La imagen clásica del Chino Caszely.

En estas semanas, los haitianos fueron más chilenos que nunca. Jean Beausejour cobraba un valor simbólico mayor. El fútbol de Chile es el más bonito de todos. Sus pases en corto son las bellas notas de un sintetizador. La fuerza de Vidal, la resiliencia de un país entero. Los pulmones de Medel y Aranguiz, el aguante de un pueblo.

Hasta Jara se puso la camiseta de crack. Jugó como nunca. Pero la ironía llegó en el minuto 20. El cerebro se equivoca, el más importante de la estrategia de Pizzi. Hay que tener huevos para sobrevivir ese error. “Hay que seguir jugando, tenemos que atacar, tenemos que marcar”, gritaban algunos en sus casas.

El corazón roto

Las estadísticas estaban en nuestra contra. Chile no remonta un partido en un torneo FIFA desde el Mundial del ‘62, cuando le ganó 3-1 a Suiza en Santiago. Otro dato decía que Alemania no perdía un partido no amistoso tras llegar con ventaja al descanso desde 22 años, cuando perdió con Bulgaria 3-2 en 1995.

Si de números se trata, todavía quedaba esperanza. Los alemanes no habían dejado su arco en blanco en toda esta Copa Confederaciones. Pero el gol de Stindl nos rompió el corazón. Un golpe anímico inefable.

El segundo tiempo se jugó hecho a pedazos. El fútbol más bello, el partido más sublime se perdía por el error del más confiable, del más honesto. Pero incluso a pedazos, quedaba corazón.

Estos jugadores nos invitaron a ver más allá, nos hicieron soñar por momentos en un nuevo triunfo deportivo. Si por alguien podemos poner las manos al fuego, es por ellos.

El sueño de un país mejor también rondaba en la cabeza de muchos compatriotas. Incluso en el extranjero se podía votar. Pero estas primarias son como la fase de grupo, todavía falta mucho para jugar la final.

El resultado de estas primarias no puede quedar, en todo caso, en segundo plano. Unas totalmente binarias. Existe un lado que representa la tradición, cual equipo alemán, y el otro, al igual que Puch y Valencia, ilusiona con un desenlace distinto; un modo diferente de enfrentar la vida.

Que se haya perdido 1-0 no importa. Se celebra igual. A pesar de todo, la Plaza Italia recibió a centenares de hinchas, porque lo que se vivió el primer domingo de julio, será un recuerdo imborrable.

La pena nos inundó por más de 70 minutos, pero hay que ser agradecidos. Las eliminatorias y el Mundial de Rusia 2018, seguirán dando alegrías al país. Aunque suene imposible, cuando toque ir a votar en la final, quizá también nos llevemos una sorpresa.

Pero no mezclemos peras con manzanas. Como bien dijo el Marcelo Bielsa, “Cualquier alegría que podamos dar, no es sustitutiva de las necesidades del Pueblo”.

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