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Demasiado joven para aguantar: a 20 años de la muerte de Jeff Buckley

30 mayo, 2017

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Demasiado joven para aguantar: a 20 años de la muerte de Jeff Buckley

La historia relata que un Jeff Buckley de 30 años se metió al río Tennesee para no salir más. La historia también cuenta que ese día primaveral del año 1997, Buckley compartía con un amigo, se escuchaba de fondo “Whole Lotta Love” de Led Zeppelin y se estaba preparando para grabar su nuevo disco; de hecho, por eso había viajado hasta allá, hasta Memphis.

La verdad es que la muerte del joven Jeff se encuentra rodeada por un halo de misterio que no hace más que acrecentar su leyenda.

Pero no, lo de Buckley no solo se resume a una muerte inusual, sino que se trata del fin de una vida marcada por la melancolía, por el virtuosismo lírico y musical, por una tristeza inconmensurable y por una voz que quedó grabada a fuego en la historia de la música.

El desgarro en cada una de sus interpretaciones, el dolor en su voz y el sufrimiento generalizado que se percibía en sus canciones, solo demostró que había otras formas de plasmar la tristeza en una época en que el grunge se veía como la única salida fructífera para las almas destrozadas.

Se sabe que el año 1994 fue uno de los mejores en la historia de la música. Artistas de la talla de Soundgarden, Green Day, Nirvana, NIN, Oasis, Portishead y NAS habían deleitado a la audiencia con algunos de sus trabajos discográficos más icónicos; y ese año Jeff Buckley no quedó ausente.

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Fue su única placa, solo un álbum bastó para marcar a una generación completa. “Grace” fue el nombre del disco, uno perfecto de principio a fin.

La musicalidad que alcanzó Jeff Buckley y su “Grace” no tenía precedentes: algo así no se había escuchado nunca. Sonaba puro, beato, nostálgico, etéreo en su practicidad. Reacio a utilizar más elementos que sus guitarras, su bajo y su batería, Jeff hacía y deshacía con las velocidades y con su voz, la que subía a varias octavas a su antojo. Era un maestro, un adelantado y un virtuoso.

Hijo del popular cantante Tim Buckley, Jeff le tapó la boca a todos aquellos que dudaron de su talento, a todos aquellos que miraban en menos su éxito y sus capacidades solo por ser el primogénito de un cantautor estrella.

Con “Grace” y con todo lo que lanzar un disco conlleva, fue capaz de demostrar su destreza musical en programas de televisión y conciertos, en apariciones íntimas con su banda, ensalzando covers y transformándolos a su antojo, moldeándolos a la tristeza que se retrataba en cada una de sus canciones, en cada uno de sus acordes y en cada nota desgarrada que salía de su voz.

No olvidemos que Jeff Buckley es el responsable de uno de los covers más icónicos de la historia: “Hallelujah” de Leonard Cohen.

A su música se le podría denominar el lado optimista del grunge, aunque en el optimismo de los acordes mayores se escondieran un montón de inseguridades y malas experiencias. Sus canciones de amor y desamor son las más sentidas y no hay persona que no se haya visto reflejada en sus letras si de tener el corazón roto se trata.

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Jeff iba a grabar “My Sweetheart the Drunk”, el que sería su segundo disco de estudio. Por decisión propia nos privó el honor de ser testigos de un legado más amplio y aún quedan muchísimas preguntas sin respuesta pero –sin sonar o leerme conformista- con la fuerza y el desconsuelo de “Grace” bastó, y bastará para siempre.

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