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Plan9 Recomienda: David Cronenberg; carne, tecnología y sexo

26 mayo, 2016

Plan9 Recomienda: David Cronenberg; carne, tecnología y sexo

“Lo que digo es que soy un insecto que soñó que era un hombre, y lo adoró, pero ahora el sueño ha terminado y el insecto está despierto”. Seth Brundle (Jeff Goldblum, The Fly)

En 1896, H. G. Wells, escribe lo que muchos consideran, uno de los libros pioneros en el género del bio-punk: La Isla del Doctor Moreau.

En ella, Wells, ocupando la metáfora de la vivisección y la trasformación del cuerpo humano/animal, refleja la cultura científica de la comunidad de Reino Unido a fines de siglo XIX y plantea preguntas que hasta el día de hoy, siguen vigentes.

¿Cuáles son los límites de nuestro cuerpo? ¿En nombre de qué o quienes, podemos abandonar esos límites? ¿Es la humanidad una convención social?

Por supuesto, muchas más son las interrogantes y las que menciono, no son sino, sólo una pequeña parte de una compleja arista humana. No es cualquier tontera hablar de esto.

Ocupando como base para sus propios ensayos, titulados, “Los límites de la plasticidad individual” (1895) y “‘La evolución humana como un proceso artificial” (1896), el británico, cuestiona de cierta forma procesos que hoy son tomados como naturales: La cultura, el “Darwinismo” (que en aquella época, aún no alcanza el corpus teórico que hoy tiene) o el mito creacional de Prometeo (con sus antecedentes en el Frankenstein de Mary Shelley de 1818) son caras de un tema que alcanzaría su masa crítica en nuestra sociedad contemporánea.

El post humanismo.

Para Wells, Moreau era un personaje que estaba mucho más allá de la caricatura de científico loco, y era en síntesis, un reflejo de “la curiosidad de la ciencia de la época, para observar la evolución de la humanidad desde una perspectiva artificial”.

Quizás por ello, rechazó la versión de su libro, hecho film por Universal en 1932, llamada La Isla de las Almas Perdidas (como nota al pie, cabe destacar la presencia de Bela Lugosi en la cinta interpretando a un “Vocero de la Ley”) adaptación de su obra en forma simplona que no rescata los matices de un personaje mucho más complejo de lo que aparenta.

Pero a pesar de que el cine mantiene una deuda con el Doctor Moreau, el séptimo arte si se ha encargado precisamente de elaborar nuevos mitos que abordan los límites del cuerpo, como una extensión de nuestra psiquis, incluso, hoy –me atrevo a decir- han llegado a ser parte de los temas dominantes en nuestra cartelera.

Desde el optimismo de personajes como Iron Man (cuyo personaje principal, Tony Stark, es un genio que vive gracias a un reactor nuclear en su pecho, otsea) hasta la carne fatigada y muerta de Mad Max (un mundo en donde el cuerpo es un cascarón vacío y lo único que importa es el rito y el honor) o incluso, hasta Jason Bourne (un superagente secreto que sacrifica su memoria, a cambia de volverse la más letal de las máquinas asesinas) los hombres modificados o cuyas mentes ya no se apegan a la materialidad, son precisamente, la carne de cañon de la taquilla.

Y si hay un hombre que ha hecho de eso una carrera, es precisamente David Cronenberg.

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Im so hooot.

Autor prolífico, productor, guionista, director, actor, piloto, talentoso hombre, el canadiense es conocido por apuntar (por lo menos, durante bastante tiempo) la relación entre hombre/máquina. La carne y el metal. Lo biológico con lo mecánico. Lo Biopunk.

Cronenberg, partió con una carrera ligada en toda regla a la clase B.  Tras haber salido decepcionado de ciencias, el –en ese entonces- joven, en 1965, presenció el filme ‘Winter Kept Us Warm’ de David Secter, y entonces decide dedicarse al cine.

En 1969 filma “Stereo” su primer “largo” en 35 mm (tras dos cortos previos; Transfer y From The Drain). Stereo trata sobre un grupo de telépatas, que son estudiados mientras dos científicos narran desde una jerga científica, la nueva concepción del mundo abierta a estos seres.

De ahí en adelante, no paró.

Poco a poco, pasó de la concepción de obras profundamente estilísticas y crípticas (Crimes of the Future de 1970 es un filme experimental que al igual que Stereo observa la búsqueda de placer sensorial); con un marcado sentido de la arquitectura como una extensión de la mente humana (arista que hoy, podemos encontrar en herederas en toda regla de este tema como la reciente High Rise, que tengo que reseñar, si tuviera un poco de tiempo) a obras que abrazan el cine narrativamente más convencional, pero que son mucho más determinantes en sus temáticas.

Y por supuesto, usando como principal eje: La carne.

Cabe mencionar, que este acercamiento al cine más amable con el espectador proviene de su experiencia en Cannes, en donde decide volcar su estilo, a uno más “tradicional” sin perder su identidad en el proceso.

En 1975, estrena Shivers, también conocida como They Came From Within, un primer acercamiento a uno de los temas que definirían una etapa del autor: la somatización de la mente, en elementos extracorpóreos.

En Shivers, apreciamos como un grupo de inquilinos de modernos departamentos (las Torres Starline) es afectado por un parasito que despierta en ellos, toda clase de perversiones sexuales.

Odiada por la crítica, que no veía en ella más que gore barato y efectista, la cinta permitió al autor trabajar de ahí en adelante, su temática favorita.

Luego vino “Rabia” (1977) una extensión de lo visto en Shivers,  y de hecho según algunos, una secuela espiritual.

Ya en 1979 estrena  Fast Company una rareza, pues es un filme derechamente tradicional sobre un *piloto de carreras.

*(Aunque no es tan descabellado. En el libro biográfico, “David Cronenberg”, de Jorge Gorostiza y Ana Pérez, se aborda un episodio de la vida del cineasta cuando niño, en donde es testigo de un accidente automovilístico mientras filma por casualidad. De ahí, nace su obsesión con el mundo de las “maquinas veloces”.)

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Ahora bien, el canadiense, empezaría su etapa más prolífica (e identificable) con The Brood (1979)/ Scanners (1981)/ Videodrome (1983)/The Dead Zone (1983) y The Fly (1986).

Partamos por The Brood, en donde la somatización del dolor, se vuelve un elemento tangible y real en una trama que aborda como una mujer con problemas mentales, por medio de una técnica inventada por el doctor  Hal Raglan (nuevamente la ciencia jugando a ser dios) llamada psicoplasmosis, crea una descendencia, bastarda, asexuada y que encarnan el mal de forma pura.

Una cinta que obedece nuevamente, al estado mental del director, que por aquellos años, mantenía un pleito legal con su ex esposa Margaret Hindson por la custodia de su hija Cassandra. Trama que es absolutamente identificable en la cinta.

Desde acá en adelante, el concepto de la nueva carne se apodara de todo el cine de Cronenberg.

“Lo que viene del cuerpo es lo real. Este es el verdadero proceso de la existencia que es la vida, el resto es diversión, es una distracción de lo que llega a tu cuerpo, incluidos, seguro, la muerte y el avance hacia la muerte, que es de lo que buscamos sobre todo escapar de todas las maneras posibles”.

Estas declaraciones, encuentra fácilmente asidero en su siguiente producción. Scanners. Considerada por muchos, como una de las obras fundamentales del autor, en la cinta, volvemos al mundo de los telepátas.

Como lo abordado en Stereo, en Scanners sigue a un hombre nacido con poderes telepáticos incontrolables producto de experimentación cuando era un feto.

Lo protagonizado por Jennifer O’Neill,  Stephen Lack y Michael Ironside, se puede ver como una subversión del género superheroico  en donde al superhombre, lo transforman en un arma sin voluntad, a merced de intereses y agendas privadas que (tosca, pero efectivamente) se simbolizan por medio de “las corporaciones malvadas”.

Como ejemplo, Akira, es claramente una obra similar. Ambas tocan el poder de la mente y su habilidad para volverte un ser superior. Curiosamente, tanto en Akira como Scanners  una de las problematizaciones de los personajes, es el deseo de poder/trascendencia, que se ve ejemplificado en el control total de nuestras facultades mentales. Quién no querría parar una puta bala con la mente? ah?

En la futura Un método peligroso (de Cronenberg) en un extracto se dice:

“¿Por qué esforzarnos tanto por reprimir nuestros más básicos instintos naturales?”

Frase que deja patente, la preocupación del director (y del concepto transhumanista en sí mismo) por el poder y el control, a la par que la entrega de estos, a nuestros instintos destructivos naturales. La clásica máxima de “el hombre, es un lobo para el hombre”.

Como sub-apéndice de este tema, este tópico, hoy está más vigente que nunca. Desde Luc Besson y su Lucy (2014) (esa idea arraigada de poder alcanzar el control total de nuestras facultades cerebrales, que dicho sea de paso, es falsa)  hasta el BatmanVSuperman de Snyder que aborda al Superhombre capado por su incapacidad de hacer el bien, a pesar de su cuasi-omnipresencia.

No nos hagamos los hueones. Los superhombres, son en si mismos, extensiones de nuestras fantasías.

Ya en Videodrome nos encontramos frente a un realizador consolidado.

Avalado por la taquilla y la crítica (que a pesar de seguir estando dividida ve en él, algo más que un director de terror) nos entrega una fábula sobre el poder de la televisión, la educación, y su capacidad para poder transformar –literalmente- nuestros cuerpos y mentes.

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Por otro lado, en The Dead Zone, tenemos un ligero traspié en la recaudación comercial. Basada en la novela de Stephen King, presenciamos la historia de un maestro de escuela, que luego de un coma, obtiene poderes mentales.

Nuevamente estamos frente a otro de los más impersonales, proyectos del director.

Se le ofreció en algún minuto, hacer El Retorno del Jedi, pero fiel a su estilo, nunca accedió a trabajar en algo a lo que no pudiera modificar el guion.

The Dead Zone igualmente trabaja conceptos que para el autor, son conocidos aunque abordados de manera mucho más sencilla y menos comprometidas.

Cosa curiosa pues una de sus grandes cintas, precisamente, sería también un encargo.

“El problema es saber si la enfermedad es realmente una criatura disminuida, una criatura enferma, o si es al contrario una criatura reforzada, o además si es otra criatura. La enfermedad indica habitualmente la presencia de otra forma de vida. No siempre, pero a menudo. La buena salud de otra forma de vida nos provoca la enfermedad. Es un arreglo extraño”

Esto es Cronenberg consultado por The Fly. Adaptación de la cinta 1958. Y mi juicio, una de sus mejores obras.

Y acá, me quiero detener. Pues el proceso que decantó en una de las mejores cintas del canadiense, es algo digno de remarcar. La Mosca nació originalmente en 1956 como un cuento publicado en Playboy.

Sí, Playboy publicaba historias cortas de autores de ciencia ficción entre mujeres desnudas y whisky.

*Hace algún tiempo escribí un artículo que recorría un poco la historia de The Fly. Pueden leerlo acá. 

Toda este bagaje es lo que recoge la obra de Cronenberg que  supo ajustar perfectamente a un relato deprimente y oscuro, que juega con la constante de director acerca de lo mecánico y la carne, la dualidad de las personas en la somatización de nuestros pecados a través del cuerpo, pero sobre todas las cosas, habla de la perdida de las facultades mentales.

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La Mosca una historia de amor y enfermedad mental degenerativa. Es el epítome de la transmutación de nuestros cuerpos en lo que realmente es nuestro interior ocupando como metáfora la tecnología.

The Fly, encuentra su asidero en una frase atribuida a Chuang Tzu:

“Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.”

Una obra que por medio del afán científico de alcanzar la perfección, se condena a sí mismo.  Los paralelismos a Fausto, son evidentes. Y se entiende que existe una obsesión en el medio y en el fin (“Hasta los monstruos son de aspecto agradable en el sitio donde buscamos a la mujer amada” se esboza en la obra de Goethe).

El transhumanismo sin embargo, no se ve a sí mismo de forma tan fatídica. En su manifiesto encontramos una declaración que nos invita a disfrutar de lo mejor de nuestros avances:

“En el futuro, la humanidad cambiará de forma radical por causa de la tecnología. Prevemos la viabilidad de rediseñar la condición humana, incluyendo parámetros tales como lo inevitable del envejecimiento, las limitaciones de los intelectos humanos y artificiales, la psicología indeseable, el sufrimiento, y nuestro confinamiento al planeta Tierra”

Algo de eso, hoy ha logrado capturar el hombre. Los humanos mejorados (en un principio, una de las primeras reacciones del personaje de Brundle, es pensar que es un nuevo paso evolutivo) ha llegado a ser de cierta forma, realidad.

Es cosa de pensar en Oscar Pistorius, atleta paralímpico que posee piernas protésicas que le otorgan ventaja en carrera.  O la tecnología llamada Reconstrucción Biónica que ocupa prótesis controlada por la mente.  Elementos que han transformado y extendido nuestra vida, mucho más allá de las limitantes físicas que presenta la biología.

¿Pero estamos listos para abandonar nuestros cuerpos?

Cintas como Blade Runner o como cité en un principio, La Isla del Doctor Moreau, nos hablan de un rechazo del hombre a aquello que no es 100% humano. Como si la humanidad aún se sostuviera en la corporalidad genética de la especie.

La teoría del Valle inquietante  “una hipótesis en el campo de la robótica y animación por computadora en 3D,” explica que cuando las réplicas antropomórficas se acercan en exceso a la apariencia y comportamiento de un ser humano real, causan una respuesta de rechazo entre los observadores humanos”.

Mejor explicado, imposible.
Mejor explicado, imposible.

Sin una explicación total todavía, este fenómeno, quizá encuentra su asidero en nuestros genes, incapaces de seleccionar a alguien no idóneo biológicamente para nuestra reproducción.

Así lo afirma por lo menos,  Thalia Wheatley, una sicóloga del Darthmout College quién expone que esta teoría podría no ser más que nuestra respuesta biológica a elementos que ponen en peligro nuestra especie.

Aunque hay que remarcar, que por lo menos, no existe todavía consenso sobre si el Valle Inquietante, es algo real.

Por todo eso, no es descabellado que Cronenberg haya terminado alejado un poco del efectismo visual de su primera etapa, para abordar hoy una vertiente mucho más discreta (visualmente) pero continuista de sus temas.

Desde Un Método Peligroso, Crash, Naked Lunch o EXistenz,  hasta una Historia Violenta o Promesas del Este, el cuerpo, sigue jugando como elemento central, pero ahora, subyugado a la psiquis de los personajes y no viceversa.

Entrevistado Cronenberg explicó sobre Una Historia de violencia que es una narrativa sobre

“Si es posible escapar de nuestra herencia animal en lo que concierne a la violencia” (…)  “Somos los únicos animales que podemos elegir no ser violentos, porque tenemos conciencia e intelecto y entendemos cuáles son las consecuencias de un acto de violencia. También parece que somos los únicos animales –probablemente en todo el universo– que somos capaces de imaginar algo que no existe. El resto de los animales no lo puede hacer. Podemos imaginar muy fácilmente un mundo en el que no exista la violencia, en el que podamos usar la discusión, la negociación, la racionalidad, la generosidad y la simpatía para resolver todos los problemas que nos aquejan como humanos. Podemos pensar que eso es posible, pero es obvio que nunca lo hemos podido lograr”.

Sin revisar sus últimos filmes como Map to the Stars o Cosmopolis y dejando de lado algunos otros (pues básicamente, no me he puesto al día, con los últimos) queda patente que existe para el autor de la carne, nuevs formas de narrar lo que ya sabemos.

Volvió a la mente en donde las transformaciones más profundas suceden. El reino de nuestro cuerpo.

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Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.
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