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Benjamin Clementine: el poeta al servicio de la música

24 octubre, 2017

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Benjamin Clementine: el poeta al servicio de la música

Para muchos, el enigmático ser que aparecía como invitado en el último disco de Gorillaz solo se quedaba ahí. Era el featuring en “Hallelujah Money”, un personaje llamativo en su oscura melancolía, mas no en su presencia artística.

Pero resulta que -al fin y al cabo- la carrera del joven Clementine se basa en letras significativas y aportes tremendamente necesarios, aquellos que solo un poeta puede entregar a la industria y que no todos son capaces de ver con facilidad: aquellos que solo un poeta de verdad podría lograr transmitir.

Benjamin Clementine, de 28 años, ya lleva su resto en el mundo de la música, y un resto algo más largo entre las letras y la poesía. Es difícil encontrar poetas en pleno siglo XXI, menos si salen de su zona de confort y se animan en compartir sus sentires y pesares en un mundillo diferente, competitivo y cada vez más superficial.

Eso es lo que hace especial a Clementine: el hecho que, además de escribir letras llenas de profundo significado, es el dueño de un estilo particular, sobrio, oscuro y antiguo. No por nada lo comparan con Nina Simone.

Y esa comparación no es para nada gratuita. En su voz hay soul y desesperanza, es como si hubiese nacido en una época equivocada o que es tan solo un espíritu melancólico reencarnado en un joven británico cualquiera.

En su interpretación hay tanta, pero tanta emocionalidad, que se hace de verdad complejo creer que se trata de un chiquillo en sus veinte. Es demasiado palpable la tristeza y el desamparo en sus actuaciones, tanto así que de repente Clementine puede relatarnos lo más bonito del mundo pero se hace imposible detectarlo si no te fijas con exclusividad en la letras.

Porque la musicalidad nos cuenta una historia diferente. Y es siempre tan triste.

Siendo el más pequeño de cinco hermanos, el joven Benjamin Clementine tuvo una infancia compleja. Sufría de matonaje en el colegio y se refugiaba entre textos bíblicos y los trabajos de William Blake o T. S. Eliot. Era el típico ratón de biblioteca. Fue en el colegio, también, donde tuvo su primer acercamiento al piano, instrumento que lo acompaña hasta el día de hoy, entregando el sello característico en su trabajo como músico.

No fue hasta el 2013 que lanzó sus primeros EP’s –Cornerstone y Glorious You– en París. Luego, con los años, realizó su primer trabajo de larga duración, en el 2015, llamado “At Least For Now”. Este año, Benjamin Clementine nos fascinó con otro LP de nombre “I Tell I Fly“, donde podemos encontrar bellezas de la talla de Phantom Of Aleppoville, canción de una genialidad absoluta.

No cabe duda que su estilo es de lo más fascinante y refrescante que le ha pasado a la música en general y a la escena británica en particular.

Si nos enmarcamos a lo técnico, podemos decir que su voz es diferente porque el timbre de Clementine es el de un tenor lírico spinto, uno que se acostumbraba escuchar en las interpretaciones teatrales de antaño, bajo un sonido violento y fuerte, con mucha más proyección que los tenores convencionales.

Es por lo mismo que su música parece sacada de un teatro de principios del siglo XX o recuerda a aquellas muestras musicales matizadas en las películas mudas. Ese es el efecto de su intrépida técnica en el piano, rápida y novedosa en su estilo.

Gracias a su llamativa forma de presentarse y a su estética, es que ha sido invitado a diversos shows, incluyendo desfiles de moda. Acá, interpretando su canción Adios, se resume todo su imaginario musical.

Si quieren conocer más sobre este tremendo exponente del arte en general (porque seamos sinceros, qué pedazo de genio es Benjamin Clementine), pueden darle una vuelta en Spotify! De nada :*

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