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999 Juegos Antes de Morir N°914: The Legend of Zelda: Majora’s Mask (2000/2015)

3 abril, 2017

999 Juegos Antes de Morir N°914: The Legend of Zelda: Majora’s Mask (2000/2015)

Voy a partir con polémica de una: Majora’s Mask > Ocarina of Time.

Antes que comience el shitstorm, comprendo la superioridad de OoT en cuanto a la revolución que supuso en la Nintento 64. No obstante, y pese a que amo tanto el juego que hasta el día de hoy me lo sigo vacilando, Majora’s Mask forma parte de algo más profundo, al menos para mí.

Al ser la única secuela directa que comparte el mismo Link, y también porque usó el mismo motor gráfico – con mejoras gráficas, gracias al infame Expansion Pack – una jugabilidad casi idéntica (salvo las mecánicas con las máscaras) las comparaciones con su predecesor son inevitables. 

Pero hay algo en que Majora’s Mask es inmensamente superior, a mi parecer, a cualquier Zelda: La trama.


El espectro cultural dentro de Majora’s Mask es inmenso: cada personaje tiene una historia, anhelos y temores, con unos diálogos que dejan en evidencia la genialidad de los guionistas. 

Clock Tower, a diferencia de Hyrule Town, realmente se sentía viva, con interacciones a cada momento y unos NPCs que siempre tenían algo genial que ofrecer.

El diseño de los adornos carnavalescos, las propias máscaras que debes encontrar.

Sin embargo, hay un punto de inflexión en el juego, uno tremendo, excelso, deífico: el soundtrack.  Viejo, Ocarina of Time ya nos había traído unas hermosas y memorables melodías (Saria’s Song, el Intro, el ending que más de una lágrima sacó, etc) más ninguna como Song of Healing.

Recuerdo una escena muy particular en Ikana Canyon, cuando debías ayudar a una niña llamada Pamela, quien vivía aparentemente sola en una casa tipo caja musical (la cual funcionaba como una suerte de inhibidor de momias y no-muertos). Luego de completar su pequeña quest, entrabas a su casa y en el sótano se hayaba su padre, quien se había convertido en un “Gibdo”. Cuando te lo ibas a pitiar, ella entraba llorando y decía que era su papá y no le hicieras daño. Es ahí cuando el jugador hace su jugada maestra y toca la Song of Healing, una melodía capaz de sanar cualquier mal, logrando que el padre de la niña se recupere.

EN ESE MOMENTO SE ME FORMÓ UN NUDO EN LA GARGANTA, NO ME HABÍA PASADO CON NINGÚN OTRO JUEGO. Ella corrió y lo abrazó.

– “¿Qué he estado haciendo todo este tiempo?”
– “Tú… No has estado haciendo nada. Sólo tuviste un mal sueño, una pequeña pesadilla”
– “Pamela..”

Y ahí, se quedan abrazados, mientras recojes la máscara que ha dejado caer el papá científico, quien se convirtió en Gibdo por accidente.

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Elementos como estos, hay en abundancia en Majora’s Mask. Lo llaman el Zelda más oscuro de la saga, pero yo digo que es el más humano de ésta. Muestra cómo el optimismo y la desesperanza viven simultáneamente, en el contexto de un mundo que está apunto de acabar por la caída de la Luna. 

Entre tanta tragedia y tristeza que hay en este juego, se encuentra una belleza muy particular, muchas veces incomprendida. Te meten en la historia de los personajes como ningún otro Zelda lo había hecho antes, quests como la de Kafei y Anju, las hermanas Romani, el guerrero Darmani y los Goron, Mikau y su banda de blues, etc.

En fin, ya hablé de la trama y sus quest, el soundtrack, así que es hora de pasemos a un siguiente punto: las batallas. Aquí me es bastante difícil decidir cuál juego tuvo las mejores Boss battles, aunque todos sabemos que Ocarina of Time tiene ventaja en eso.

Ahora bien, sí creo que Majora’s Mask tuvo momentos más memorables en sus peleas, tanto así que MM tiene uno de los bosses más difíciles de toda la saga: Goth (aunque para mí, Gyorg fue mucho más complicado).

A pesar de tener sólo cuatro templos (se puede considerar Stone Tower como 2×1), todos eran complicados. Era como tener cuatro Water Temple de OoT… Ok, creo que le estoy poniendo color, pero sí que eran difíciles las cagás. Quizás lo más atractivo de las peleas en Majora’s Mask, fueron los sub-jefes que te encontrabas en algunos lugares. 

El Capitán Keeta, un Stalchild gigante; Gomess, un espectro con murciélagos; Igus, el antiguo Rey de Ikana, etc. Estos personajes compensaron en gran medida la falta de jefes y templos, punto más débil a mi parecer en este Zelda.

Pese a que Ganondorf es el antagonista principal, no existió en Maj0ra’s Mask. En esta ocasión, nos encontramos con un villano que sólo quiere destruir el mundo porque sí, no le interesa la ambición, el poder, nada. “Hay quienes sólo quieren ver arder el mundo” dijo el buen Alfred, algo que se aplica en demasía con este malévolo ser.

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La pelea a tres fases con Majora, es simplemente genial. Compadre, ¿qué otro Boss te hace la Moonwalk de Michael Jackson mientras peleas por salvar el mundo?

 Así de enfermo es este antiguo demonio, cuya alma fue sellada en la máscara (según nos contó el tipo de la Happy Mask Shop).

Y aunque aún existen hueones que dirán que es fácil, porque abusan de la Fierce Deity’s Mask – la máscara más overpowered del juego – y lo matan de dos golpes, así que eso no cuenta.

Más encima, y a diferencia de Ganondorf en OoT, Majora tiene más técnicas y ataques sorpresas, logrando una pelea bastante entretenida donde el ingenio del jugador es factor clave. Además de que también te metían en la cabeza de que si no lo derrotabas, el mundo terminaría (¿A quién chucha se le ocurre poner una responsabilidad de ese tipo a un niño? D: )

Y este comercial tuvo la culpa de que me sintiera así:

Sólo puedo recomendar este juego a quienes ya hayan jugado Ocarina of Time y piensen que este no vale la pena. No saben lo equivocados que están muchachos, porque si el primero fue magnífico, Majora’s Mask es de otra luna.

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